En el Barcelona ya nadie discute la dependencia que tiene de su astro, el argentino Lionel Messi, a pesar de contar con un elenco de futbolistas de primer orden mundial, como Xavi, Iniesta, Busquets, Piqué, Valdés o
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Messi marca la diferencia y los goles, y en este apartado aquellos récords que parecían inviolables, están cayendo uno a uno, como el de Di Stefano en los clásicos.
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Neymar.
En el Barsa, hace años que nadie pone en duda que cuando las cosas se ponen complicadas, Messi acudirá al rescate, porque es el rescatador de los culés.
Mientras, se ha abierto una tenue línea discursiva en el barcelonismo, en este caso desde la misma entidad, acerca de si el Barsa ha de renovar nuevamente el contrato del argentino, posiblemente en el entorno azulgrana no exista ni una fisura respecto a la continuidad del que es, ya sin discusión, el jugador más importante y determinante de la historia centenaria del club.
Sus goles —firmó contra el Madrid su 23 triplete— y, sobre todo, su perseverancia y su hambre de títulos, le han hecho único en la escena futbolística, donde, para el argentino, no hay otro objetivo que golear y ganar partidos para recoger trofeos.
Hace unos días apareció Josep Guardiola diciendo que había abandonado el Barsa, entre otras razones, porque no había sabido motivar a sus jugadores o porque sería difícil motivarlos en adelante. Algunos se dieron por aludidos, dada la temporada que firmaron antes de que el entrenador se marchase de la entidad. Messi, no. Messi, siempre está motivado, a no ser que una lesión le debilite lo suficiente para menguar su magia.
Messi se ha convertido para la mayoría de los culés en su Rey Mago favorito, el que consigue los regalos que le piden.
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