Amalia del Cid
En los mercados de Managua el pescado seco, la sopa de queso y el almíbar, platos típicos de la Cuaresma, se venden más y más a medida que se acercan los días santos. Solo el polémico “pinol de iguana” casi no se ve en los comedores, pues tanto las iguanas como los garrobos están en veda hasta el 30 de abril. Y además, “están escasos y caros”, dicen los comerciantes.
Por tradición, el pueblo católico no come carne los Viernes de Cuaresma, como un “sacrificio” que lo acerca al Señor. En compensación, consumen platos cocinados con carne de animales que no tienen “pelos ni plumas”, explica monseñor Miguel Mántica, vicario pastoral de la Arquidiócesis de Managua.
Los miércoles y los viernes son los días de la sopa de queso, que cuesta cincuenta córdobas por taza en los comedores del Mercado Oriental y sesenta
“Se inspiran en que Jesús pasó cuarenta días en el desierto y también el pueblo de Israel; Moisés pasó cuarenta días en el monte Sinaí y cuarenta días estuvo Noé en el arca. El número cuarenta tiene un significado en la Biblia: el de un recorrido que hay que hacer. Amar al Señor no es una cosa que se logra de un día para otro, es un proceso, un camino”, señala Mántica.
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córdobas en los del Roberto Huembes. Es tanta su demanda que muchas veces a la 1:00 de la tarde ya se ha agotado; por eso algunos comerciantes, como Teresa Baquedano, la ofrecen de lunes a sábado en el Huembes.
El pescado seco se encuentra a cuarenta córdobas la pieza de “machaca”, a setenta la libra de “lonja” y a 130 la libra de “gaspar”, que por su sabor es el más apetecido. “Son los mismos precios del año pasado”, asegura Karla Rodríguez, quien labora en el galerón de los pescados del Mercado Oriental.
Las sardinitas secas, casi tan pequeñas como un pez guppy, cuestan 10 o 20 córdobas por bolsa. En estas fechas, dice Rodríguez, se usan para preparar la torta de sardinas.
RELIGIÓN
El almíbar es popular porque antes los católicos se preparaban para la Semana Santa con comida que pudiera guardarse, para así evitar estar cocinando y dedicarse a la oración, señala el padre Mántica.
De ahí viene la tradición de comer frutas en dulce en los días de la Cuaresma. El mismo propósito cumplen el tamal pizque y la cosa de horno.
En el Mercado Huembes es famoso el almíbar de doña Lucía Urtecho. Tiene jocotes, mangos, grosellas, papaya y nancites, que vende desde veinte córdobas por bolsa.
Urtecho es tan religiosa que, aunque en la Semana Mayor siempre aumenta la venta de almíbar, ella deja de trabajar desde el Miércoles Santo. En su casa “no se pone música y ni bicicleta se agarra” en esos días. “Pero ya esas son iniciativas de la familia para transmitir lo sagrado que es el momento de la muerte de Cristo”, apunta el sacerdote.
“Se inspiran en que Jesús pasó cuarenta días en el desierto y también el pueblo de Israel; Moisés pasó cuarenta días en el monte Sinaí y cuarenta días estuvo Noé en el arca. El número cuarenta tiene un significado en la Biblia: el de un recorrido que hay que hacer. Amar al Señor no es una cosa que se logra de un día para otro, es un proceso, un camino”, señala Mántica.
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