Con La gran belleza (Oscar al mejor filme de 2013 no hablado en inglés), el realizador napolitano Paolo Sorrentino nos desafía a compararlo con Federico Fellini.
La trama sigue al protagonista, Jep Garbamdella (Toni Servillo), escritor cínico afectado por un bloqueo creativo, a lo largo de un recorrido por la vida nocturna, las ruinas, los espacios abiertos y los rincones ocultos de Roma.
El objetivo de mostrarnos este recorrido es el mismo del filme que le sirvió de modelo, La dolce vita (1960) de Fellini: poner de manifiesto la crisis moral de las capas dominantes (políticas, culturales y religiosas) de la capital de Italia, presentada como símbolo de las grandes metrópolis.
IMITACIÓN O APRENDIZAJE
La pregunta es si Sorrentino imita a Fellini o se trata de un artista que aplica creativamente las lecciones de su maestro a situaciones nuevas, como lo hiciera Woody Allen con Manhattan (1979), inspirada en la misma fuente. Pero Allen trabaja en un entorno diferente: La ciudad de Nueva York.
Por ser italiano, la materia prima de Sorrentino es la misma de Fellini (lo que hace más obvias las similitudes), y algunos elementos apuntan hacia la imitación: la música hispanoamericana, las mujeres voluminosas, las fiestas nocturnas, los esnobistas, la editora enana (Giovanna Vignola).
Pero los cambios ocurridos en el mundo desde la muerte de Fellini, que Sorrentino convierte en materia de su filme, le dan a La gran belleza una relevancia muy precisa.
El mundo de Fellini era todavía el de los grandes sistemas de pensamiento (el marxismo fue la culminación de sistemas filosóficos que datan de los griegos y se renovaron a partir de los grandes descubrimientos del siglo XVI).
Por eso, los personajes de Fellini se referían constantemente al catolicismo (que Constantino adoptó como fundamento ideológico de su Imperio, con la promesa de un Paraíso en la otra vida) y el marxismo (con la promesa de otro Paraíso, pero en la Tierra).
CONOCER LA VERDAD
El mundo de Sorrentino es el de la postmodernidad (o meta-modernidad), surgida después del derrumbe de la URSS. Es la negación de la posibilidad de conocer la verdad, la desconfianza en las vanguardias intelectuales, el desconocimiento de las ideologías y el rechazo de las teologías.
Su expresión política en la izquierda es el populismo. Su ámbito de desarrollo más amplio, la globalización.
Con la intención de reflejar este nuevo clima moral, para las secuencias rodadas en night-clubs, Sorrentino reemplaza el claroscuro caravaggiano de Fellini (Roma) y Visconti (Il Gatopardo), con los colores chillones, luminosos, de los anuncios comerciales. Para los espacios abiertos donde Jep busca la gran belleza, utiliza tonos más suaves y una composición más limpia.
El término “gran belleza” en este filme, equivale a “la dulce vida” de Fellini, es decir, la pureza y la inocencia, representadas, en la película felliniana, por la muchacha inocente que Mastroianni ve en la distancia, pero no puede escuchar.
Curiosamente, los medios han identificado erróneamente el término “dolce vita” con la agitada vida nocturna de las grandes ciudades.
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