El papa Francisco cumple hoy su primer año de ejercicio pontifical, durante el cual ha sorprendido al mundo entero —no solo al católico— con su comportamiento personal y sus planteamientos de una Iglesia mucho más humana.
Francisco, aseguran expertos católicos y vaticanistas, es “un papa más atento a los fieles que a las doctrinas y las normas”. Su teología no es una doctrina de los dogmas sino de la relación bondadosa con la gente. El nuevo papa está haciendo que la Iglesia sea menos litúrgica, pero más humanista. Él ha cambiado el estilo y las formas de expresarse del papado, y de vincularse con las personas, no solo con las católicas sino también con las de otras religiones y creencias, incluso con los agnósticos y ateos. Francisco está haciendo una revolución en la Iglesia católica, de conformidad en este caso con el sentido de revolución como un “cambio rápido y profundo”.
El papado de Francisco es una “novedad teológica”, explica un teólogo y obispo italiano llamado Bruno Forte, quien fue nombrado por el papa como secretario para el sínodo extraordinario sobre la familia que tendrá lugar en el Vaticano del 5 al 19 de octubre próximo. Es una novedad teológica, agrega dicho prelado, porque ha puesto énfasis en “la humanidad de Dios”, porque “presenta un Dios cercano, con rasgos muy humanos de ternura y de proximidad, que habla con los gestos de la misericordia y de la acogida, antes que con las palabras”.
La dimensión más pastoral de “la Iglesia de Francisco”, la cual pone su atención más en la vida de las personas y en los problemas de los pueblos que en las formas rituales; de una Iglesia que busca pastores que tengan olor a ovejas y no que huelan al poder ni a la riqueza material, ha impactado directamente en Nicaragua con el nombramiento del arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, como segundo cardenal del país.
Ciertamente, con este nombramiento que hizo apenas en el décimo mes de su primer año como papa, Francisco entró en la historia de Nicaragua, como lo hiciera Juan Pablo II con su visita en marzo de 1983 cuando este país gemía bajo el yugo de la dictadura sandinista y se desangraba por causa de una feroz guerra civil. Visita que Juan Pablo II repitió en febrero de 1996, cuando Nicaragua ya era un país libre y aquel inolvidable papa que ahora está a punto de ser santificado, vino a festejar con el pueblo nicaragüense la alegría de la democracia.
Según Francisco, los tres elementos básicos que debe reunir un obispo y con mayor razón un cardenal de la Iglesia católica, son la profesionalidad, la vocación de servicio y la santidad de vida personal. “Quiero subrayar que la renuncia y el sacrificio son inherentes a la misión episcopal”, ha dicho el papa Francisco; pastores que deben “fascinar al mundo con la belleza del amor, con la oferta de la libertad que da el Evangelio”.
Es obvio que el obispo de Roma vio esas cualidades en monseñor Leopoldo Brenes y por eso lo nombró cardenal de la Iglesia católica. Y nosotros tenemos la fe en que el nuevo purpurado de Nicaragua no se dejará seducir por la tentación del poder y que no desilusionará a su pueblo ni defraudará la histórica decisión del papa Francisco.
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