Amalia Morales, II parte
Algunos entran por el río Coco, otros lo hacen a pie por Wiwilí, otros navegan por el largo Bocay o el Coco. Son muchas las rutas y los recovecos por los que se entra a la reserva de Bosawas, la más grande del país, que cada año ha perdido 42,000 hectáreas de bosque en los últimos años.
“Hay como veinte mil personas allá adentró”, dice Salomon Taylor, un guardabosque del Marena (Ministerio de Recursos Naturales).
Pero no solo nicaragüenses están invadiendo la reserva. Según Taylor, a Bosawas también han llegado hondureños y salvadoreños.
Algunos líderes mayangnas de las comunidades ribereñas del Bocay aseguran que también hay mexicanos y colombianos en la zona núcleo de Bosawas, que tiene una extensión aproximada de ocho mil kilómetros cuadrados.
“Los hondureños entran a Bosawas por el río Coco (fronterizo). Por ahí cruzan ganado y lo llevan a pastar a la reserva”, dice un líder mayangna de Wiso, una comunidad que está a cuatro horas sobre el río Bocay.
Según este líder, quien omite su nombre por miedo a represalias, la invasión va más allá de plantar fincas con grandes extensiones para granos básicos y ganado.
“Nosotros oímos sobrevuelos de helicópteros y de avionetas por la zona del cerro Baba”, explicó el dirigente indígena.
En Wiso viven 72 familias mayangnas y unas sesenta mestizas.
“Hay tensión entre los mestizos y nosotros. Nos están haciendo la vida imposible. Están comprando armas para amenazarnos a nosotros”, agregó.
Los consultados destacan que es escasa la presencia del Estado. Hace semana y media, dirigentes del territorio mayangna Sauni Bu demandaron al Gobierno que tome medidas. Contaron que cada día aumenta la tensión. Fabián Zelaya, un guardabosque de Wiso, reiteró que existe mucho temor entre la población.
Zelaya explicó que la patrulla del Beco entra de vez en cuando. Por lo general, sus miembros permanecen acantonados en el poblado de Ayapal. “En la reserva todavía hay partes montañas, pero no se como se describe”, comentó un funcionario.
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En esa comunidad ha corrido sangre por los conflictos de tierra. En el 2011 hubo cuatro mayangnas muertos, recuerda el dirigente, quien agrega que algunas familias indígenas se están yendo por miedo. Algunos han buscado vida en Ayapal.
“Dicen que se van a armar completamente para quemar el puesto militar que hay en Wiso” en el que no obstante, no permanecen los militares del Beco (Batallón Ecológico), sino que llegan de vez en cuando a la zona y entran a patrullar.
El indígena reiteró la denuncia que se oye en otras partes de la reserva: los mestizos están talando, quemando y acabando el bosque. “Agarran terrenos de 500 y 200 manzanas, los hacen potreros y enseguida venden las tierras”.
Sin embargo, los dirigentes del territorio Mayangna Sauni Bu, que viven en la reserva por el sector de Bocay, han dejado claro que no están interesados en confrontar a los mestizos. Hace semana y media, sus líderes vinieron a la capital y pidieron presencia del Estado en Bosawas.
ATAPAL, LA FRONTERA
Atapal, a una hora de Ayapal, sobre el río Bocay, es el límite oficial entre la zona núcleo y el área de amortiguamiento. Es también un caserío caluroso, rodeado de fincas y potreros.
En Atapal hay un puesto de salud al que llegan a atenderse mucha población que vive dentro de la reserva. Como en otros sectores: algunos han comprado, otros han llegado simplemente a meterse.
Ramón Herrera, enfermero del centro de salud, dice que en esta época se están presentando muchos casos de diarrea.Una mañana de jueves, a mediados de febrero, hay varias madres con sus hijos buscando atención. En el pasillo del centro de salud también están algunos hombres, uno de ellos es de Chinandega y vive en una finca al interior de la reserva.
Arlen Cárdenas, técnico de la Alcaldía de Ayapal, filial del municipio de San Andrés de Bocay, dice que la gente compra la tierra barata. El precio de una manzana en la montaña arranca en los dos mil córdobas, mientras que la tierra “trabajada” anda por encima de los 1,500 dólares.
“Existe el problema que en otros municipios nos hemos quedado sin agua. Ya no son muy productivos, la gente siembra a base de químicos y estos son bastante costosos”, dice la técnico.
Cárdenas no usa la palabra invasión, pero sí reconoce que ha llegado mucha gente a la reserva. Y prueba de eso, cree, es que se ha multiplicado la población del municipio de San Andrés de Bocay. Todavía en 2005 se contaba con una población aproximada de 32,000, sin embargo, en el 2010 el censo arrojó 74,000 habitantes.
“Hace 25 años aquí no había pueblo y ahora esto es una ciudad”, dice el guardabosque Taylor sobre Ayapal, la microrregión que abarca gran parte del territorio de Bocay.
“El problema es que hay mucha gente que dice ‘yo soy pobrecito’, pero poseen 100, 150 y 180 manzanas (…) son pobres, tal vez de espíritu (…) cuando ya no pueden trabajar la tierra se van más adentro, esa es la dinámica: comprar terreno, talar para meter animales”.
Atapal, el supuesto límite entre el área núcleo y el de amortiguamiento por Aypala, es una pequeña muestra. Jaime Rayo, propietario de un bote que viaja diario hasta Ayapal, dice que tiene dos fincas fuera del área núcleo. “Un pedacito”, dice sonriente. La más pequeña de sus propiedades es de cuarenta manzanas y la otra, la que según él tiene abandonada, es de cien manzanas. “En una tengo unas cuántas vacas, y a la otra tengo que darle mantenimiento”, dice este hombre analfabeto cuya principal fuente de ingresos es este bote en el que traslada carga y pasajeros.



