Amalia Morales
En las montañas que rodean Rosa Grande, Siuna, donde los helechos apetecidos en las ciudades crecen como monte, ellos sembraban granos básicos y arreaban vacas. Por vivir en la zona de amortiguamiento de la reserva de Bosawas, sabían que estaba mal, que la frontera agrícola ha devorado la montaña, entonces pensaron en cambiar de cultivo. Los 23 socios de la cooperativa productiva Cristino Ordóñez, una de las dos que hay en Rosa Grande, decidieron aprovechar los palos de cacao que tenían en sus parcelas y dedicarse a vender este fruto, pero como tampoco tenía buen precio alguien pensó que por qué no mejor le daban valor agregado al cacao y lo hacían chocolate.
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“En eso estamos trabajando”, dijo César Ordóñez, presidente de esta cooperativa situada en Rosa Grande.
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“Vivimos contiguo a la reserva. Se nos vive inculcando que no era correcto seguir destruyendo el medioambiente donde vivimos, y como teníamos cacao en buenas cantidades se ideó este negocio”, agrega César Ordóñez, presidente de la cooperativa y agrega que “la idea fue de un socio de la cooperativa que fue a un intercambio en Honduras, y de allá vino con eso”.
Hace dos años se materializó la idea de producir chocolate. Así surgió la marca Chocotrim, que quiere decir: Chocolate del Triángulo Minero.
FÁBRICA PEQUEÑA
El edificio donde se produce Chocotrim es modesto. Es tan pequeño como un aula de clases. Por fuera, tiene apariencia de centro de salud. Al interior, hay una mesa con leche, azúcar y pasta de cacao.
“Esta es la pasta cruda y amarga con la que se prepara el chocolate”, dice Álvaro Ordóñez, encargado de la planta.
Hay una pesa digital, un termómetro y bandejas donde se van cortando las piezas.
La instalación y el equipamiento de la pequeña fábrica tuvo un costo de 25,000 dólares y el 80 por ciento fue financiado por Oxfam. El restante 20 por ciento lo aportó la cooperativa, según explica César Ordóñez.
La producción actual de la fábrica ronda las 20 libras por semana. La producción es baja porque aún no tienen tanta demanda en el mercado. La marca es poco conocida aún en la región.
El principal punto de distribución es Siuna, que está a 32 kilómetros. Allí tienen un puesto de venta fijo.
A Siuna llegan algunos compradores y llevan el chocolate a ciudades como Bilwi, cabecera de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
En la actualidad producen el chocolate en tres tipos de presentaciones: una barra de cien gramos, una pieza hexagonal de cuatro gramos, una bola de seis gramos.
Y los precios son accesibles: oscilan entre un córdoba —la pelota de seis gramos— y 30 córdobas la barra de cien gramos.
GENERACIÓN DE EMPLEO
La fábrica de chocolates da trabajo a cuatro asociados y a dos más subcontratados.
Ordóñez dice que la producción de chocolate y el propósito de no afectar más la reserva de Bosawas ha estimulado la producción de cacao entre los socios de los cuales siete son mujeres y 16 hombres.
“No ha sido fácil emprender este negocio, porque en estos lugares, tan lejos de la capital la lucha es dura”, dice Ordóñez convencido de que están aportando un grano de arena a favor de la protección de Bosawas.
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