Conocí a doña Karen en una reunión del BCIE en Tegucigalpa en 1986. El tema que la apasionaba entonces era lograr calidad internacional para las artesanías centroamericanas y, coincidiendo en las metas, apoyábamos diferentes metodologías. Tras un intercambio de ideas de mucha altura, nos pusimos de acuerdo y me convertí, desde mi posición como jefe de misión del Centro de Comercio Internacional UNCTAD/OMC en Honduras, en un promotor convencido del programa impulsado por esa gran organizadora comunitaria que es doña Karen Olsen de Figueres.
Doña Karen es una mujer de muchas influencias. La ejerció sobre su marido José Figueres Ferrer, el presidente de Costa Rica conocido por haber abolido el Ejército (primer parteaguas en el desarrollo de la Costa Rica moderna), pero igualmente meritorio por haber establecido en Costa Rica el voto de los costarricenses de origen africano y de las mujeres. Don Pepe la conoció en New York, mientras ella sacaba su doctorado en Sociología en Columbia University.
Doña Karen ejerció influencias también como madre. Conocí en Earth, durante una reunión de presidentes, a su hijo José María, también presidente y puedo decir que su principal herencia, la megainversión de Intel en Costa Rica, se constituye en un tercer parteaguas en el desarrollo económico de la Costa Rica que se preparaba para entrar al Siglo XXI.
Debo decir, “en passant”, que el segundo hito en esa cadena de tres aciertos políticos importantísimos fue la contribución del presidente Luis Alberto Monge Álvarez que consiguió que Costa Rica hiciera una especie de ajuste estructural, a un enorme costo para su popularidad personal, antes que el Fondo Monetario lo impusiera como receta al resto de los países en desarrollo. El Fondo Monetario continúa hoy en día aplicando la receta de don Luis Alberto, aunque ahora tímidamente se la aplica a países como Turquía, Malta, Grecia y Portugal.
Casi podría decir que hay un cuarto elemento al mismo nivel que los tres puntos de inflexión anteriores y en este, como en el uno y el tres, podemos ver la mano sabia y generosa de doña Karen: el acceso de Costa Rica a los primeros bonos de compensación por carbono que el país de sus ancestros, Dinamarca, concedió a Costa Rica para paliar el daño causado por las emisiones de sus industrias. Este fue uno de los primeros casos, si no el primero, en que un país desarrollado pagaba a otro en vías de desarrollo para preservar su biosfera con el fin de absorber carbono del aire y fijarlo a la tierra. Muchos países nos hemos beneficiado posteriormente de esa labor pionera de doña Karen.
Sin duda, que su bien ganada fama como una especie de “Elder statesman, en este caso stateswoman” de Centroamérica, aunado a su reconocimiento como escandinava extraordinaria por parte del comité noruego que asigna los premios Nobel de la Paz fueron decisivos para asegurar para Costa Rica el Premio Nobel que consiguió el sucesor de don Pepe, el presidente Oscar Arias por su participación de liderazgo compartido con don José Napoleón Duarte y don Vinicio Cerezo Arévalo en el proceso de paz de Esquipulas. El comité del Nobel decidió orillar a los otros dos. El comité olvidó también que los esfuerzos del diálogo de San José fueron iniciados por el presidente Monge, que contó con el liderazgo del canciller Gensher.
En este enrarecido aire diplomático en que otra dama costarricense parece haberse propuesto enturbiar, no solo las aguas del río San Juan, sino las relaciones entre estos dos países hermanos, es más importante hacerle un homenaje a la dama, exprimera dama y emprendedora de buenas causas para los más necesitados, doña Karen Olsen Beck de Figueres Ferrer, por sus contribuciones, en particular al medioambiente y a los artesanos de Costa Rica y Centroamérica, que fueron siempre objeto de su preocupación y frecuentemente beneficiarios de sus emprendimientos. ¡Honor a quien honor merece! El autor fue Secretario General Adjunto de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana.
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