De potro, de ternero o de vaca, con pelo o sin pelo, la piel arropa allá donde se instale, y es difícil buscarle un sustituto que ofrezca la misma textura y acoja tan bien el peso de nuestro cuerpo.
Los diseños nuevos o antiguos han dejado de estar determinados por su estructura y ampulosidad y hoy tienen cabida en cualquier habitación del hogar. Tersa o ajada, pero siempre flexible, su textura y su belleza resultan acogedoras. Cálidas, tostadas, sugerentes, así son las nuevas sillas, sofás y butacas, en las que la piel forma parte de su ADN. Envejecidos por el paso del tiempo, en diseños nuevos y no tan nuevos, los asientos son cómodos y confortables allá donde se coloquen, incluso en ubicaciones que no han sido las tradicionales, como si estuvieran en la habitación que habían ocupado toda la vida.
DENOMINADOR COMÚN
Los tonos se emborrachan con su color whisky o parecen tan dulces como el caramelo o recuerdan al marrón chocolate, aunque casi todos los diseños tienen un denominador común: las grietas que dan cuenta del paso del tiempo, pieles ajadas en sillas giratorias o fijas, ideales para la lectura o una siesta.
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