Querida Nicaragua: La noticia más preocupante que hemos escuchado ahora es la declaración del ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigu, anunciando la instalación de bases militares rusas en Venezuela, Cuba y Nicaragua. Espero que esto no sea más que una amenaza, algo así como enseñar las garras y los colmillos del oso ruso frente a los Estados Unidos; una especie de señal por el asunto de Ucrania con su dictador derrocado, un hecho que adelanta la democracia en aquel país.
Dicen que el que se ha quemado con leche hasta la cuajada sopla. Y es que los nicas nos hemos quemado abundantemente con el militarismo ruso durante los diez años de la primera dictadura orteguista de los años ochenta. La bota rusa no dejó aquí ninguna obra de progreso, lo que dejó fue miles y miles de fusiles, decenas de cañones de largo alcance, misiles tierra aire, aviones MIG de combate que luego fueron vendidos por el orteguismo sin que sepamos, pero adivinemos, el destino de ese dinero.
Lo que dejaron los rusos en abundancia fue una deuda enorme, la deuda de todas las armas que trajeron. La deuda que dejaron los sandinistas en 1990 fue nada menos que de doce mil millones de dólares. Gran parte de esta fue generada por el armamento ruso que pretendía poner en Nicaragua una cabeza de playa a dos horas de los Estados Unidos.
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Lo peor es que aquí guardan silencio las autoridades ante las declaraciones del ministro de Defensa ruso. Como que dejan ir la noticia para que, como siempre, el pueblo se vaya acostumbrando y cuando sea realidad la instalación de la supuesta base militar, no sea una sorpresa para nadie.
Y no solo guarda silencio la dictadura nicaragüense, la que siempre ha soñado con traer aquí el comunismo, lo más grave es que guardan silencio los países centroamericanos, Panamá, Costa Rica, Honduras, El Salvador sabrá su cuento, Guatemala, México, como si no estuvieran ellos en el área de peligro, junto con un triángulo fatídico que traerá cañones, aviones de guerra, misiles, fusilería y hombres entrenados para la guerra.
Imaginemos lo que significan tres bases militares rusas, en Cuba, Venezuela y Nicaragua, nada menos que un triángulo de muerte amenazando inclusive al norte de la América del Sur. Están introduciendo otra vez la guerra fría con todas sus consecuencias, y la amenaza real de un conflicto bélico de tipo internacional y hasta continental.
Otra cosa que dejaron aquí los rusos fue la desunión de la familia. Casi todos aquellos muchachos que se fueron a estudiar a Rusia y sus satélites vinieron comunizados, entrenados para combatir cuando el Gobierno lo indique. Para ellos lo primero era el partido, antes que Dios y la familia.
Ante esta noticia alarmante nosotros que tenemos aquí varias organizaciones democráticas, partidos políticos, empresa privada fuerte, miles de pequeños comerciantes que necesitan sosiego y paz no armas ni bases militares, debemos reaccionar, hacer campañas pro paz, oponernos a que se instalen bases militares. Las armas que tenemos han sido suficientes para dejar en nuestro suelo un reguero de muertos.
Si los rusos quieren darnos algo que traigan su cultura musical, sus compañías de danza que son las mejores del mundo, la música de sus geniales compositores clásicos: Tchaickowsky con su maravilloso Lago de los cisnes , el soberbio Rachmaninoff, el inolvidable Rimski Korsakov, autor de Sherezada , la heroína de Las mil y una noches , y por último al gran Stravisnsky, autor del balet El pájaro de fuego . En el arte musical y en la literatura es grande Rusia desde los tiempos de los zares. Eso queremos: Cultura, no armas, música, no rugir de cañones, majestuosas orquestas de chelos y violines y no silbidos de bombas que producen muerte. Admiramos a la Rusia culta, no a la armamentista. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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