¿Eficaz o peligroso?

Han cambiado el humo por vapor y el fuego por un pequeño punto de luz. Los cigarrillos electrónicos funcionan con una batería eléctrica que hace que el líquido contenido en un cartucho se transforme en vapor, lo que imita la apariencia del humo.

Han cambiado el humo por vapor y el fuego por un pequeño punto de luz. Los cigarrillos electrónicos funcionan con una batería eléctrica que hace que el líquido contenido en un cartucho se transforme en vapor, lo que imita la apariencia del humo.

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Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la mayoría de los cigarrillos electrónicos contiene grandes concentraciones de glicol de propileno, un conocido irritante cuando se inhala. “Los exámenes de algunos de esos productos también sugieren la presencia de otras sustancias químicas tóxicas, aparte de la nicotina”, detallan.

Esta organización indica que el uso de dichos productos —cuando contienen nicotina— puede representar un riesgo de intoxicación por ese mismo componente. De este modo, la OMS explica que la nicotina, “ya sea inhalada, ingerida o en contacto directo con la piel, puede ser particularmente peligrosa para la salud y la seguridad de ciertos segmentos de la población, como niños, jóvenes, embarazadas, madres en periodo de lactancia, personas mayores y pacientes con problemas de corazón”.

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“Los cigarrillos electrónicos son dispositivos cuya función es vaporizar y suministrar a los pulmones del usuario una mezcla compuesta por nicotina, glicol de propileno y otros químicos, aunque algunos productos indican que no tienen nicotina”, expresa la Organización Mundial de la Salud (OMS).

NICOTINA EN GRAMOS

“Los fabricantes señalan que los cartuchos suelen contener entre 6 y 24 miligramos de nicotina, pero en algunas ocasiones pueden contener más de cien miligramos”, subraya esta entidad, quien apunta que la nicotina, en grandes cantidades, puede llegar a ser letal.

Asimismo, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica indica que el cigarrillo electrónico contiene algunas sustancias idénticas a las que lleva el cigarrillo convencional y señala que, por lo tanto, “también pueden ser cancerígenos”.

“Debido a la ausencia de datos específicos, se desconocen los efectos del ‘e-cigarrillo’ a largo plazo, pero posiblemente sean potencialmente adversos y merecedores, sin lugar a dudas, de una profunda investigación”, sostiene Segismundo Solano, neumólogo y coordinador del Área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica.

SIN CONCLUSIONES

De igual modo, la Organización Mundial de la Salud destaca que la seguridad de estos dispositivos “no ha sido demostrada científicamente”. La OMS afirma que los riesgos potenciales que los cigarrillos electrónicos plantean para la salud de los usuarios “todavía no se han determinado”.

Además, “las pruebas científicas indican que la cantidad de nicotina y de otras sustancias químicas que estos productos liberan puede variar mucho entre unos y otros. Pero los consumidores no tienen un modo de descubrir qué libera exactamente lo que han comprado”, advierte.

Un estudio realizado en Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos y publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine determina que son los jóvenes quienes más utilizan los cigarrillos electrónicos. La prevalencia de uso de los “e-cigarrillos” fue más elevada entre los jóvenes, los fumadores que no fuman a diario, con una renta más alta y que percibían este tipo de cigarrillos como menos dañinos que los tradicionales.

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