La cineasta Rossana Lacayo presentó un nuevo documental: San Francisco en La Chureca. Su protagonista Gilberto Montalván, vive rodeado de 25 perros y salva a los zopilotes de las hondas de los chavalos. Sus pertenencias, un radio desvencijado, sobre una mesita aún más desvencijada que el radio.
Sin embargo, el corazón de Gilberto, es una réplica nicaragüense del santo Francisco de Asís. A lo largo del documental de 60 minutos, Rossana nos presenta a un hombre que desde su condición de vida, sus valores, su filosofía, sencillez, humildad y el amor a los animales que lo rodean, nos llevan a evocar a San Francisco de Asís.
A medida que los minutos pasaban, las imágenes de Gilberto invadían mi corazón, llenándome de admiración, de inquietudes espirituales, de sorpresas. Y es así que al terminar de ver el documental, me encuentro describiendo a Gilberto Montalván desde el prisma que refleja su espiritualidad, su mística, donde el desapego a lo material, lo hace alcanzar su libertad espiritual:
RENDICIÓN
Se ha rendido a los pies de Dios, sin abandonar la diaria faena para resolver sus básicas necesidades. Asegura que Dios nunca lo ha abandonado y que a pesar de las complicaciones para conseguir trabajo, como es una cédula y dos testigos que acompañen su testimonio de nacimiento, afirma que eso no le quita sueño. “Lo que me quita el sueño es, tener ahora una casa mejor, ya que nos ubicaron en otro lugar. Ahora no duermo, pensando que tengo que cuidar esta casita tan bonita”.
EL DESAPEGO
Esencial elemento para poder conseguir la libertad espiritual: No tiene posesiones porque un día le robaron su cadena de oro, sus anteojos Ray Ban y su reloj que con tanto esfuerzo había comprado, vendiendo en los mercados, lo que “encuentra entre la basura”. “Me dejaron en la ruina”, pero expresa que se siente libre, ya que no tiene que estar velando sus “tesoros” para protegerlos. En vez de renegar y quejarse, agradece ese soplo de libertad.
LA COMPASIÓN
No la compasión de sentir lástima, sino aquella que nos ayuda a entregar lo mejor de nosotros incondicionalmente, porque para él, es una necesidad del espíritu volcar todo ese amor aunque no le sea reciprocado. En su caso, Gilberto recoge a los animales desvalidos y les da cuido y amor. Aquí encontramos nuevamente el desapego, importante para alcanzar libertad y la paz que lo hace feliz.
EL PERDÓN
Un hombre tan noble de alma, que al contarnos que un día necesitaba de una mano amiga para ir al doctor porque le tenían que aplicar unas gotas en los ojos para evaluar la condición de la catarata, le pidió a un amigo si podía acompañarlo. Éste le dijo que sí, pero que le diera doscientos córdobas y un tiempo de comida. Fue donde otro y le dijo que si, que lo acompañaría por cien córdobas y tres tiempos de comida.
Al escuchar su testimonio, sentí una terrible molestia en mi corazón y me dije: estos no son amigos. Sin embargo, el Francisco de Asís en La Chureca según lo que Rossana recoge de este hombre, es el testimonio vivo del perdón; Gilberto nos cuenta con su lenguaje sencillo que él hubiera querido poder ayudarles dándoles lo que le pedían y que había sido injusto de su parte, el pretender despojarlos de un día de faena; “siguen siendo mis amigos”, afirma con convicción. En esta anécdota, el perdón se conjuga con la compasión, el amor al prójimo y seguimos encontrando el desapego.
LOS VALORES
No hay un momento en el documental que Gilberto contradiga sus valores, no hay una anécdota desde su sencillo vocabulario, donde no palpemos la fusión perfecta de esos cuatro elementos necesarios para alcanzar ese codiciado estado del alma, donde es posible trascender a un plano místico; no hay una escena donde él no nos enseñe que en la simpleza de la vida, está la alegría del alma y que en la paz del alma, está la felicidad.
Su libertad, la ha adquirido, aún sin darse cuenta de ello para poder expresarlo abiertamente, y nos lo transmite desde su esencia, siendo el desapego la constante más fuerte y notable en el compartir de sus vivencias; el desapego a lo material es su pasaporte a la libertad; a la vez que nos transmite que su único apego es a lo intrínseco del amor: el dar sin esperar nada a cambio.
Me he preguntado cómo es posible que en el rincón más desagradable de nuestra patria, llamado La Chureca, Rossana haya descubierto tan bello y pulcro diamante. Y solamente encuentro una respuesta: porque las almas libres e invadidas de amor y de valores heredados y cultivados en nobleza, siempre se encuentran en el perfecto tiempo bajo el sol, sin importar el lugar del acontecimiento.
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