Cada vez más Octavio Paz emerge en la lengua española como uno de los pensadores más esclarecidos del siglo XX. Junto con su extraordinaria creación poética, se manifiesta también la profundidad de su pensamiento, expresado en una prosa donde la sensibilidad de la poesía se une al rigor de la razón crítica.
El próximo 31 de marzo se cumple el centenario de su nacimiento, motivo por el cual el Instituto de Ética, Valores y Desarrollo de la Universidad Americana (UAM), bajo el lema El intelectual y su tiempo, realizará un foro debate, el 21 de este mes, con la participación de Julio Icaza Gallard y Pedro Xavier Solís, en homenaje al escritor mexicano y a su actitud de compromiso con los valores y principios que defendió en todo momento y circunstancia.
Octavio Paz es un intelectual ejemplar no solo por su calidad de escritor, como poeta y ensayista, sino sobre todo por el compromiso con su tiempo y medio, el cual supo ejercer sin dogmatismo ni subordinación a intereses ideológicos, políticos o de cualquier otra naturaleza.
Él sabía que el espacio natural del intelectual no es la torre de marfil para aislarse del mundo y refugiarse en la estética y la abstracción, sino la realidad llena de problemas y contradicciones, pero que ineludiblemente es la condición que define no solo al pensador, sino al ser humano en su propia naturaleza, como lo señalaba Ortega y Gasset, filósofo español que Paz conocía muy bien, cuando expresaba: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
El ejercicio de la crítica de Octavio Paz fue un elemento constitutivo de su propia identidad, no solamente en sus escritos y comparecencias, sino en su actitud y conducta, pues buscó siempre la coherencia entre lo que decía y hacía, lo cual demostró en numerosas ocasiones, una de ellas cuando renunció a su cargo de embajador en la India, después de los trágicos sucesos de Tlatelolco, en 1968.
La actitud crítica de Octavio Paz fue en él una pasión. No es casual el nombre de una de sus obras, Pasión crítica , en la que expresa que “en una sociedad realmente libre lo importante sería el cultivo de las diferencias; aquello que nos distingue es aquello que nos une. Deberíamos concebir a la sociedad como una asociación de oposiciones complementarias”.
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Esa crítica que ejerció con singular rigor y esa idea inclaudicable de libertad tuvieron la virtud de volver a la vida ideologías muertas y amortajadas, más por los adoradores ciegos y fanáticos, que por los detractores, igualmente intolerantes y ciegos. Así nos dice: “La contribución de Marx (hablo del filósofo, el historiador y el economista, no del autor de profecías que la realidad ha hecho añicos) ha sido inmensa, pero su suerte ha sido semejante a la de Aristóteles con la escolástica tardía: la grey de los sectarios y los fanáticos ha hecho de su obra, viva, abierta y felizmente inacabada, un sistema cerrado y autosuficiente, un pensamiento muerto y que mata”.
En El ogro filantrópico dice: “La libertad no es un concepto ni una creencia. La libertad no se define: se ejerce. Es una apuesta. La prueba de la libertad no es filosófica, sino existencial; hay libertad cada vez que hay un hombre libre, cada vez que un hombre se atreve a decir no al poder. No nacemos libres: la libertad es una conquista, y más: una invención”.
El pensamiento de Paz abre innumerables caminos por lo que dice y por lo que sugiere y cada uno encuentra en sus ideas la identidad, la oposición o el complemento a las ideas propias y, en todo caso, la incitación a seguir pensando, a continuar la marcha felizmente inacabable de la aventura humana.
El laberinto de la soledad, Tiempo nublado, Corriente alterna, El mono gramático, El ogro filantrópico, Quadrivio, Puertas al campo, Libertad bajo palabra, La otra voz, Itinerario, Conjunciones y disyunciones, Los signos en rotación y tantas obras más nos dejan no respuestas herméticas, que le horrorizaban, sino una inmensa interrogación abierta al tiempo, al espacio y a la vida.
Su pensamiento político es imprescindible para entender nuestro tiempo. Su actitud frente a las ideologías ha abierto un espacio para la reflexión y la acción. Ante el ideario político, cualquiera que este sea, hay que asumir una actitud crítica en el buen sentido de la palabra para poder entenderlo como lo que es, un pensamiento vivo con sus aciertos y sus errores y no una metafísica embalsamada. No hay cosa más peligrosa que las filosofías y las ideologías transformadas en dogmas políticos y religiones laicas. En ese camino el debate se muere y solo queda espacio para imprecaciones y exorcismos.
En la iconografía política de nuestro tiempo, ayer el comunismo, hoy el consumismo; ayer el Estado, hoy el mercado; ayer el partido ideológico, hoy la idolatría neoliberal, las ideas naufragan víctimas de la intolerancia. Es necesario rescatarlas de esa trampa mortal y aplicarlas correctamente para que sustituyan a los ídolos satanizados y sacralizados de uno y otro lado. El caso es patético. La idolatría de las ideas no tiene críticos, solo detractores o adoradores. Alterar el falso recorrido del pensamiento y del imaginario político, económico y tecnocrático, que oscila entre heterodoxias y ortodoxias, es labor dura pero necesaria.
Creo que para este debate de las ideas que debe hacerse, y que en algún sentido ya se está haciendo, el ejemplo y la incitación de Octavio Paz es fuerza movilizadora. Estamos convencidos que en nuestro país es necesario abrir espacio al pensamiento crítico para enriquecer el debate político y crear posibilidades para la construcción de una nueva sociedad, en la que puedan integrarse lo económico y lo político, lo social y lo jurídico, la libertad y la justicia.
Pensamos que estimular esta actitud de pensamiento crítico y debate de las ideas es una contribución a reafirmar la relación complementaria que existe entre razón y acción, teoría y práctica, pues el pensamiento es una forma de la realidad y recíprocamente la realidad lo es del pensamiento. Una idea sin aplicación concreta es una abstracción vacía, y una práctica sin razón y pensamiento teórico es una conducta instintiva, instrumental y mecánica.
En este sentido el Instituto de Ética, Valores y Desarrollo de la Universidad Americana, que hoy propicia el debate sobre Octavio Paz, tiene previsto realizar otro en el mes de agosto, siempre bajo el lema El intelectual y su tiempo, dedicado a un gran escritor e intelectual ejemplar de América Latina, el argentino Julio Cortázar, con motivo del centenario de su nacimiento, el 26 de agosto de 1914.
Pensamos que fortalecer el concepto y la práctica del pensamiento crítico es una contribución al fortalecimiento del libre debate de las ideas y a la construcción de una educación para la democracia y la libertad. El autor es jurista y filósofo nicaragüense.
Octavio Paz es un intelectual ejemplar no solo por su calidad de escritor, como poeta y ensayista, sino sobre todo por el compromiso con su tiempo y medio, el cual supo ejercer sin dogmatismo ni subordinación a intereses ideológicos, políticos o de cualquier otra naturaleza. La actitud crítica de Paz fue en él una pasión. No es casual el nombre de una de sus obras, Pasión crítica , en la que expresa que “en una sociedad realmente libre lo importante sería el cultivo de las diferencias; aquello que nos distingue es aquello que nos une.
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