Presidentes destituidos en Egipto y Ucrania, manifestaciones antigubernamentales en Tailandia y Venezuela: las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, parecen tolerar las revueltas o el derrocamiento de regímenes elegidos democráticamente pero considerados ilegítimos por movimientos populares.
El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, se hizo eco esta semana de esta posible evolución en profundidad de la diplomacia estadounidense, enfrentada a una multiplicación de crisis políticas en el mundo, donde gobiernos surgidos de las urnas son atacados -y en ocasiones derrocados- por la oposición en las calles.
Kerry aludió al paralelismo entre las manifestaciones que en la primavera de 2013 en Egipto culminaron con el arresto del presidente islámico electo Mohamed Mursi, las proeuropeas de Kiev que llevaron a la destitución del presidente Viktor Yanukovich y las movilizaciones hostiles al presidente venezolano Nicolas Maduro y a la primera ministra tailandesa Yingluck Shinawatra.
El responsable de la diplomacia estadounidense ve en estos acontecimientos «un increíble deseo de modernidad, de cambio y de alternativa, un movimiento que atraviesa el planeta mucho más rápido que la toma de conciencia y la respuesta que pueden aportar los dirigentes».
El hecho de que los jefes de Estado y de gobierno, egipcio, ucraniano, venezolano o tailandés hayan recibido la legitimación del sufragio universal no cambia nada: «una democracia no se define sólamente por una elección», subrayó.
En realidad, afirma Kerry, «en la mayoría de los casos, hay elecciones, pero sin reforma, con una fuerte corrupción y nepotismo y finalmente, una enorme distorsión del proceso democrático».
Compasión por los movimientos populares
En consecuencia, estadounidenses y europeos alientan, ¿apoyan concretamente revueltas populares, avalan el derrocamiento de regímenes considerados demasiado corruptos o represivos?
Mark Schneider, vicepresidente del International Crisis Group de Washington, no piensa que los occidentales vayan tan lejos. «Estados Unidos y la Unión Europea tienen mucha simpatía, compasión -que es distinto que un verdadero apoyo-» por esos movimientos opositores, principalmente en Ucrania y en Egipto, dijo a la AFP.
«Estados Unidos, Reino Unido y otros países consideran negativamente los regímenes que violan los derechos humanos o que son corruptos(…) pero es raro que lleguen a apoyar acciones violentas contra esos gobiernos.
En Egipto, Washington había aceptado a regañadientes, la primera elección democrática en 2012 del presidente Mohamed Mursi, proveniente de los Hermanos Musulmanes. La administración del presidente Barack Obama lo había alentado incluso a realizar reformas económicas y políticas.
Pero Mursi «se alejó de la democracia gobernando por decreto», afirmó Kerry, quien hizo mucho ruido el año pasado al declarar que el ejército había intervenido para «salvar la democracia».
Washington nunca calificó de golpe de Estado el derrocamiento de Mursi y ahora se encuentra en un atolladero ante el régimen interino instalado por los militares egipcios que reprime a los partidarios del presidente derrocado.
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En Ucrania, tampoco «había una democracia» durante el gobierno de Yanukovich, según Kerry, quien califica la exrepública soviética como «una formidable cleptocracia, que no dejaba ningún espacio a la oposición».
Washington negó esta semana haber «alentado» las manifestaciones «espontáneas» proeuropeas, aunque la secretaria de Estado adjunta para Europa, Victoria Nuland, fuera hiperactiva durante los sucesos, distribuyendo incluso galletitas a los manifestantes en Kiev en diciembre pasado.
«Democracias jóvenes»
El intelectual francés Jacques Attali, quien fuera consejero del fallecido presidente François Mitterrand, se pregunta también, en su blog de L'Express, «qué debe hacer el pueblo cuando la democracia es traicionada por quienes llevó al poder».
«El pueblo debe actuar, manifestar, recordar sus promesas a los dirigentes y si no logra convencerlos, derrocarlos», afirma sin ambigüedad. «El pueblo egipcio y ucraniano, como otros antes que ellos, tuvieron razón en hacerlo. Otros emprenden, por buenas razones, la misma dirección, en particular en Tailandia y Venezuela».
En Tailandia, una monarquía constitucional desde 1932 donde alternan elecciones y golpes de Estado, las manifestaciones antigubernamentales que se suceden desde hace cuatro meses, son sintomáticas de las carencias de las «democracias jóvenes», donde el principio de alternancia política no está asimilado por los partidos, analiza el politólogo Paul Chambers.
Estados Unidos, aliado militar de Bangkok, mantiene su distancia, sin apoyar al partido gobernante, que sin embargo ha ganado todas las elecciones legislativas desde 2001.
En Venezuela, por el contrario, Washington es acusado por Caracas de incentivar las protestas estudiantiles y de la oposición, extremo negado por Estados Unidos. Kerry exhortó al presidente Maduro a «dialogar» con la oposición, que por el momento se niega a conversar con él.