Frente a los que niegan la vigencia del legado dariano y persisten en el empeño de disminuir la importancia de su influencia en la literatura española, predomina el reconocimiento a lo que significó para las letras hispánicas el advenimiento de “la maravilla de Rubén Darío”, en palabras de José Coronel Urtecho.
En mis viajes por América Latina y Europa suelo indagar en las librerías si están a la venta obras de Darío. Es realmente sorprendente encontrar muchas nuevas ediciones de Azul… y de los Cantos de vida y esperanza , entre otras, además de ediciones críticas de sus obras y muchísimas antologías de su poesía y prosa.
ESCRITOR CON MÁS CRÍTICAS A SU OBRA
Cabe señalar que Darío es el escritor hispanoamericano que posee el mayor corpus crítico sobre su obra. Andrés Rodríguez Ramón, profesor de la Universidad de California, sobre la base de una investigación de un cuarto de siglo en las páginas del diario ABC de Madrid, llegó a la contundente afirmación que el tiempo trabaja a favor de Darío y lo demuestra en su libro: Permanencia de Rubén Darío: “Lo que en mi rebusca he conseguido descubrir es tan sorprendente que sin dificultad me lleva a la conclusión de que no hay en el idioma español otro escritor que haya dejado una huella tan perdurable y tan honda en nuestro pensar y en nuestro sentir”.
Y es que la renovación de la poesía castellana llevada a cabo por Darío es de tal magnitud que Pedro Henríquez Ureña pudo afirmar: “De cualquier poema escrito en español puede decirse con precisión si se escribió antes o después de Rubén Darío”.
Ángel Rama nos advierte que “la tarea central de Darío se ejerce sobre la lengua poética que ha heredado, y esta es la tarea central de todo creador de poesía. En este sentido puede decirse de él que ningún poeta, hasta el día de hoy, ha sido capaz de una trasmutación comparable. Se puede afirmar que él aparta las aguas: hasta Darío, desde Darío”.
Dicho con otras palabras, es Rubén quien fija el nivel en la poesía española”. Y no solo dio su nivel a la poesía española, sino también inauguró en ella la tensión dominante en la poesía moderna.
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LENGUAJE POÉTICO A MULTITUDES
Incluso, el lenguaje poético de Darío ha llegado a las multitudes y se ha incorporado al habla popular en toda Hispanoamérica, como lo señala Carlos Monsivaís, en su obra Un aire de familia y cita, como ejemplo, la frecuente costumbre de saludarse exclamando: “¡Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver!”. Y no es raro que el destinatario del saludo responda: “Cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer”…
“Cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia”, apuntó Jorge Luis Borges, en ocasión del centenario del nacimiento de Darío. “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el libertador”. “Ser o no ser como él”, precisa Octavio Paz. De ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador. “Darío es ese”, señala Pablo Antonio Cuadra, que pone en pie el castellano para una segunda salida —aún mejor que la primera— como el Quijote. El mismo sirve de guía, de capitán: es el renovador.
VOZ PLENA
Se pregunta Ángel Rama: “¿Por qué, abolida su estética, arrumbado su léxico precioso, superado sus temas y aún desdeñada su poética, sigue (Darío) cantando empecinadamente con su voz tan plena?” La respuesta, obviamente, la encuentra en la perennidad de su incomparable poesía.
A la “inspiración y destreza (de Darío) debe la lengua castellana, reconoce Mario Vargas Llosa, una de las revoluciones seminales de su historia. Porque con Rubén Darío —punto de partida de todas las futuras vanguardias— la poesía en España y América Latina empezó a ser moderna”.
Rubén es, sin duda, precursor del vanguardismo. Los recursos estilistas que emplea en sus obras de la edad madura, así lo demuestran (la constante reiteración, los paralelismos, los neologismos, las enumeraciones, las metáforas exageradas, etc.).
MUSICALIDAD VERBAL
El crítico checo Lumir Cvirny sostiene que “Darío aparece hoy como el que abriera a todo el mundo la puerta tras la que es posible ver el enorme y dramático movimiento de la poesía moderna en todas las naciones de América Latina. Pero decir esto sobre Rubén Darío es poco: hay que agregar que él mismo es parte, valor activo de ese enorme proceso”. Y Dámaso Alonso equipara la llegada de Darío a España, con sus Prosas profanas , al encuentro de Garcilaso de la Vega con la poesía italiana.
Pese a su rico ropaje formal, que para algunos pudiera esconder una superficialidad anímica, la verdad es que los críticos reconocen que su musicalidad verbal y el virtuosismo de su técnica no nos impiden oír los latidos de su corazón, especialmente cuando desnuda su alma y nos revela sus angustias y pesadumbres, como en sus célebres Nocturnos y en Lo fatal , poemas en los que se pueden palpar las más íntimas vivencias e inquietudes que hoy pesan sobre el espíritu del hombre y el poeta contemporáneos.
“Rubén Darío es de ayer, por supuesto, argumenta Jaime Torres Bodet. Y nunca lo disimula. Pero, como todo poeta genuino, es también de hoy. Y lo será de siempre. Han envejecido sus atavíos; no la humanidad que adornaban tales ropajes”.
No hay metro, experimento poético, llámese versolibrismo, prosaísmo, negritud, intimismo, exteriorismo, interculturalidad, etc., innovación en prosa, o tendencia literaria contemporánea, que no encuentre un precedente valioso en la obra dariana, inclusive el intertexto, tan presente hoy día en la nueva literatura latinoamericana, recurso que culmina en la obra de los más grandes autores de nuestro tiempo (Borges, Cortázar, Neruda, Paz y García Márquez).
En Darío ya se vislumbran los grandes temas de la poesía contemporánea: la protesta social, el rechazo a una sociedad donde los valores han sido trastocados, el drama, el desamparo del destino individual ante una globalización avasallante y deshumanizada, etc.
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