La sociedad chilena pone bajo lupa a sus gobernantes

Ser más transparente en el diseño del equipo "tiene la ventaja que al momento de las designaciones definitivas la opinión pública y los medios ya han sido exhaustivos en la exploración de antecedentes", afirma a la AFP Cristóbal Bellolio, politólogo de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Santiago/AFP

Una empoderada sociedad chilena ha comenzado a apretar las clavijas sobre sus nuevos gobernantes exigiendo antecedentes limpios y forzando a modificar el gabinete de Michelle Bachelet incluso antes de asumir. 

La renuncia de tres subsecretarios designados para el gobierno de la socialista, quien dijo que escogería personalmente «a los mejores» para acompañarla, ha marcado la accidentada antesala de su asunción el 11 de marzo. 

Se trata de «un debate por los conflictos de interés, o por la calidad de las trayectorias de quienes ocupan cargos estratégicos», que antes no se daba con tanta intensidad, explicó a la AFP Marcelo Mella, politólogo de la Universidad de Santiago de Chile. 

Ahora más que nunca, los medios hurgan en el pasado de los nombrados y encuentran problemas judiciales y situaciones comprometidas que las redes sociales bullen comentando.  La nombrada viceministra de Educación desistió de asumir tras las acusaciones de los estudiantes de un posible conflicto de interés por sus vínculos familiares con escuelas subvencionadas y por haberse pronunciado en el pasado contra la gratuidad en la educación. 

El lunes, el designado subsecretario de Agricultura declinó al cargo por dos presuntos delitos económicos, y el de Bienes Nacionales, por haber sido condenado por manosear el trasero de una pasajera en el metro. 

El fantasma del conflicto de interés

Con la llegada de Sebastián Piñera al poder en 2010, un multimillonario empresario que tuvo que deshacerse de varios negocios como una aerolínea, un canal de televisión o un club de fútbol para asumir, la sociedad chilena puso sus antenas ante los conflictos de interés. 

La entonces derrotada Concertación, el bloque de centroizquierda, criticó duramente al mandatario y a varios miembros de su equipo por su pasado empresarial, y algunos tuvieron que renunciar a sus cargos por vínculos con el sector que debían dirigir. 

«Los problemas de conflicto de interés que tuvo el presidente Piñera y la configuración de su equipo ministerial fija un cierto estándar mínimo de lo que la sociedad hoy día considera tolerable y aceptable», consideró Mella. 

Paralelamente, las marchas estudiantiles del 2011 desencadenaron un clima de protesta social. Una sociedad empoderada y enfadada exigía mucho más a los políticos, de los que cada vez desconfía más.

  «Tanto los estudiantes como los distintos movimientos sociales instalaron la idea de que el ciudadano no es solamente un ciudadano pasivo, que a través de una manifestación o una exigencia se puede llegar a modificar decisiones políticas», explica a la AFP Robert Funk, politólogo de la Universidad de Chile. 

«Chile cambió en estos años. Todos ustedes me han mostrado un nuevo Chile. Un país que es capaz de mirarse a sí mismo, con claridad y con sentido crítico», dijo Bachelet en su cierre de campaña.  Ahora la próxima mandataria y su entorno están bajo el severo escrutinio de la ciudadanía, que emplea Internet para investigar antecedentes y hacer valer sus exigencias.

 Hermetismo en contra

Algunos analistas han apuntado a que Bachelet habría sido víctima de su propio hermetismo.  Ser más transparente en el diseño del equipo «tiene la ventaja que al momento de las designaciones definitivas la opinión pública y los medios ya han sido exhaustivos en la exploración de antecedentes», afirma a la AFP Cristóbal Bellolio, politólogo de la Universidad Adolfo Ibáñez. 

Sin embargo, «es muy difícil cuando se pone la lupa de la opinión pública sobre trayectorias tener 100% garantizado de calidad en los nombramientos», asegura de su parte Mella.  La derecha y la izquierda se han quejado por la presión.

Piñera dijo en su momento que «sólo los muertos y los santos» no tenían conflictos de interés, y el presidente del partido Socialista Osvaldo Andrade dijo ahora que «parece que hay que ser monje para ejercer cargos en el sector público».

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