Juan Vega Gonzales (*)
El mundo ha cambiado. ¿Quién lo ocasionó? Nosotros mismos. El ser humano cambió radicalmente su vida en los últimos 50 años, transitando a sociedades de consumo masivo. Hoy vivimos las consecuencias/costos económicos, humanos y ambientales de ese cambio, que afectan negativamente nuestras finanzas, salud y bienestar familiar.
Somos lo que comemos.
Para sostener la sociedad de consumo, se han creado y difundido miles de opciones de comida instantánea, que en su mayoría hacen engordar y deterioran la salud de millones de personas. Las “comidas rápidas” nos alejan de una “salud natural” y contribuyen no solo a la obesidad, diabetes y otras enfermedades mortales; sino también a una mayor contaminación ambiental
Producción desperdicio y contaminación masiva.
Métodos de producción y desperdicio utilizados en la producción masiva están pensados en optimizar utilidades, por encima del cuidado de la salud de las personas y del medio ambiente. La contaminación llegó a niveles alarmantes, en ambientes densamente poblados de varios países (desarrollados y subdesarrollados). Niveles a los cuales ya no es posible vivir y al mismo tiempo disfrutar/mantener una buena salud.
Ambientes contaminados son el cómodo hogar de miles de plagas, que seguro agradecen desde el fondo de sus corazones nuestra invaluable contribución a su desarrollo y proliferación.
Aspectos aparentemente inofensivos como las bolsas de papitas fritas u otros alimentos que no botaste en el basurero, favorecen un hábitat apropiado para plagas y un sinfín de enfermedades que se alojan (gracias a nosotros mismos), cada vez más cerca de nuestras casas.
Bolsas o cualquier otro recipiente impermeable botado ayudan a estancar agua de lluvia (ideal para la proliferación de zancudos, y del mortal dengue). Podríamos detallar muchos ejemplos más, pero todo se reduce a la disciplina de comer sano y poner la basura en su lugar.
¿Qué hacer para despertar la conciencia?
El costo/voluntad de poner la basura en su lugar, y de procurar comer más sano (hecho en casa), es mínimo comparado con los enormes costos de salud, financieros y de deterioro medioambiental Al dañar nuestro medioambiente dañamos nuestro futuro familiar.
Procura comer más sano y cada vez que puedas evita tirar basura en tu comunidad; tu billetera, tus hijos, nietos, y en última instancia tu propia vejez saludable te lo agradecerán.
El autor agradece la contribución al artículo de Juan de Dios Vega Materna.
Aprenda más en: www.123libertadfinanciera.com
Ver en la versión impresa las páginas: 2 C