Doña Ada María Romero que ha logrado ganarle la batalla a la roya dándole valor agregado a su café. LA PRENSA/G. FLORES

Las crisis hicieron el negocio

Creció entre las plantaciones de café. Siendo niña sus padres compraron 7.5 manzanas de tierra en la zona de la reserva Dantalí-El Diablo, las que Ada María Romero y su hermano heredaron de su madre hace dos años, para que tras su fallecimiento continuaran con el único trabajo que amó en vida: cultivar café.

Wendy Álvarez Hidalgo

Creció entre las plantaciones de café. Siendo niña sus padres compraron 7.5 manzanas de tierra en la zona de la reserva Dantalí-El Diablo, las que Ada María Romero y su hermano heredaron de su madre hace dos años, para que tras su fallecimiento continuaran con el único trabajo que amó en vida: cultivar café.

Cuando la madre de Ada partió a la morada eterna, creyó que le había heredado a su hija, quien es madre soltera, un futuro económico próspero y estable. El precio del café superaba los 300 dólares y parte de las ganancias las había reinvertido en las fincas. Las plantas lucían vigorosas y daban frutos a montones.

En ese momento Ada también se sentía segura y estable económicamente. Años atrás, antes de heredar las tierras, ella había probado suerte trabajando en una ONG, pero al ver que los ingresos eran insuficientes para costear los estudios de su hijo en Managua, decidió emigrar a los Estados Unidos. No obstante, estaba convencida de que esa vida de ir y venir al extranjero no era lo que quería, pero necesitaba garantizar un ingreso para seguir apoyando a su vástago.

Empezó a ahorrar lo que ganaba en Estados Unidos. “Era muy difícil esa vida. Casi no veía a mi hijo y mi mamá estaba enferma en Nicaragua. Esa vida ya no la quería”, recordó en una noche fría y silenciosa de enero en la ciudad de Jinotega.

[doap_box title=»Contacto» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Propietaria: Ada María Romero Fuentes.
Dirección: del Batazo 4.5 cuadras al Norte, Jinotega.
Teléfonos: 27822039 / 88293968 / 86818529
Correo: [email protected]

[/doap_box][doap_box title=»El hotel sigue creciendo» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Y mientras los ingresos por la venta de café con valor agregado empezaron a crecer a velocidad, Ada María Romero decidió ir invirtiendo la ganancia en el hotel y hoy dispone de diez habitaciones y emplea a seis personas.

También ahora va a construir en la finca varias cabañas para ofrecerle a los turistas visitas guiadas a los cafetales. “Ya tengo los hoyos de las piscinas, un rancho y tres cabañitas”.

También planea abrir tiendas de café en Jinotega y expandirse al resto del país.

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Agobiada por esa situación, decidió dejar esa vida. Se sentó mirando hacia el fondo de su casa donde detectó algo de lo que no se había percatado: tenía en extenso y ocioso patio. “¿Por qué no construir un hotel?”, se preguntó en silencio.

Buscó un préstamo y completó el capital con sus ahorros y echó a andar la idea, recuerda. Levantó cinco cuartos que cumplían con las condiciones mínimas de un hotel tradicional. Tenían aire acondicionado, baño personalizado, servicio de internet gratis, comida a la carta, estacionamiento, servicio de televisión con cable, y lo mejor de todo en una ciudad tan fría como Jinotega: agua caliente.

Sobre la mesa central del hotel una taza de café humea. Es fruto y testigo de la historia de éxito de esta emprendedora, que nació y se incubó en medio de la crisis.

El hotel al que llamó Zoy empezó a generarle esta estabilidad económica que buscaba y al poco tiempo heredó las 22.5 manzanas de tierra que su mamá había logrado comprar a lo largo de sus años de trabajo. Todo parecía ir bien hasta que un día un hongo empezó a brotar entre las plantaciones de café. Era la roya.

Sin miedo a afrontar la crisis, que aún persiste en los cafetos del país, Ada rápidamente nutrió las plantaciones y hoy mantiene controlado el hongo que amenaza con destruir más de 600 mil quintales de café en Nicaragua y dejó a miles sin empleo.

UNA OPORTUNIDAD EN LA CRISIS

Y a medida que trabajaba en el control de la plaga, con el apoyo de su hijo que se había graduado de ingeniero agrónomo, a la emprendedora se le vino encima otra crisis: el precio del café se vino al suelo y eso había ocasionado una drástica caída de sus ingresos. Antes por cada quintal de café pergamino recibía 5,000 córdobas y ahora con la baja apenas recibía 2,500 córdobas, insuficientes para seguir invirtiendo en el hotel y mantener la finca.

Pero Ada no estaba dispuesta que los años de trabajo de sus padres se esfumaran. No iba a dejar morir la finca. Necesitaba elevar los ingresos y optó por darle valor agregado al café que ella misma producía en la finca.

Comenzó a tostar café, empacarlo y venderlo entre los viajeros que se hospedan en su hotel. Su única fuente de información sobre cómo darle valor agregado al café fue el internet y experimentó con ayuda de su hijo varias fórmulas hasta llegar al sabor que, según ella, es único en Jinotega. “Con esto yo reconozco el gran trabajo de mi papá, pero sobre todo el de mi madre en las fincas de café”, afirma.

La decisión de apostar por el valor agregado le valió una recompensa. Mientras los productores reciben por cada quintal 2,500 córdobas, ella gana hasta 8,000 córdobas por ese mismo volumen vendiéndolo tostado y empacado. Inició vendiendo el diez por ciento de su cosecha con valor agregado y para el ciclo 2013-2014 espera incorporar el cuarenta por ciento de su producción a su mercado: el hotel Zoy.

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COMENTARIOS

  1. Arturo E Tablada T
    Hace 13 años

    Disculpen, ya vi el recuadro de la Dir.

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