De nuevo, el beisbol

Las imágenes están frescas. La apoteósica celebración en Rivas, tras la obtención de un campeonato que le puso fin a un ayuno de 32 años sin una corona a nivel superior, es recordada con tanta nitidez como si hubieran sido ayer.

Las imágenes están frescas. La apoteósica celebración en Rivas, tras la obtención de un campeonato que le puso fin a un ayuno de 32 años sin una corona a nivel superior, es recordada con tanta nitidez como si hubieran sido ayer.

Y sin embargo, ya mañana estará de regreso el beisbol al terreno de juego en una nueva campaña de Primera División, que involucra a todos los departamentos del país y que subirá el telón en medio de llamativas expectativas.

Aún se puede discutir sobre la verdadera capacidad del torneo para desarrollar talentos. Yo no estoy seguro de eso. Sin embargo, hay una serie de virtudes que el evento tiene y que vale la pena cultivar y sostener.

Es un torneo que integra al país. Cada departamento tiene equipo, incluso aquellos a los cuales parece disgustarles la idea, como Río San Juan, por ejemplo. En Managua hay dos, y Zelaya Central tiene el suyo.

Esto permite, no solo que las principales figuras del beisbol nacional sean vistas en cada departamento, sino que abre la oportunidad para que los valores locales se den a conocer en un nuevo contexto y sus acciones suban.

Tener equipo en tu pueblo incrementa el sentido de identidad y de pertenencia, pero además, muestra dónde se trabaja en beisbol y dónde no, dónde hay directivos comprometidos o solo gente con deseos de figurar.

El torneo dinamiza las economías locales en rubros como alimentación, hospedaje, transporte, entre otros. Es fuente de trabajo para al menos 450 jugadores y para un mínimo de noventa técnicos, más personal de logística.

Pero además, es un chance para jóvenes que en una edad susceptible pueden canalizar sus energías jugando y qué sabemos, si hasta surge uno que otro jugador que se desarrolle y firme para jugar de forma profesional.

El campeonato entonces entretiene, integra al país y dinamiza economías locales. Lo que sigue siendo una asignatura pendiente es su capacidad para desarrollar talentos. Eso, de lograrse, haría más productiva la inversión.

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