Querida Nicaragua: El nunca bien ponderado señor don José Migue Insulza, secretario general de la OEA, Organización de los Estados Americanos, ni siquiera se sonrojó cuando se presentó en La Habana, concurriendo de primero a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), que es precisamente el organismo nuevo que quiere acabar con la OEA.
El señor Insulza en la OEA es el supuesto guardián y vigilante de que los países miembros cumplan con la famosa Carta Democrática Interamericana, que obliga a los países miembros a vigilar la pureza democrática en sus países a través de elecciones libres y limpias, transparentes, supervigiladas, en las que cada partido ejerza su derecho al voto sin temor a sufrir ningún fraude; elecciones limpias donde los pueblos ejercen su derecho al voto, garantizan la independencia de los poderes del Estado, el respeto por la vida y por los derechos humanos, y naturalmente la libertad de expresión. A todo esto están obligados los países firmantes de la OEA.
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Hoy en día, fuera del escandaloso, tiránico y dinasta gobierno de Cuba, hay dentro de la OEA otros países que van directo a ser o ya son dictaduras completas, que se burlan de las elecciones, que no respetan la libertad de expresión, que desprecian los derechos humanos, y la OEA, y ningún país demócrata se atreve a criticar esta situación y mucho menos el señor Insulsa cuyas ejecutorias son conocidas por todos. Las dictaduras de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, muy campantemente están instaladas en la OEA y nadie les reclama su falta de cumplimiento a la Carta democrática interamericana de la OEA. Es más, estos países, supuestos forjadores del llamado socialismo del siglo XXI, heredado por Chávez, han formado ahora una llamada Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, sin la participación de Estados Unidos y Canadá. Y a esta reunión de la Celac que se realizó hace pocos días en La Habana, concurrieron todos los países democráticos del continente, haciendo causa común con los gorilescos gobiernos del socialismo del siglo XXI.
Este acto de asistencia de presidentes democráticos haciéndole la corte al dictador dinasta Raúl Castro, es una especie de idiotez, miedo y ausencia de dignidad política.
Como un gran logro, los presidentes firmaron una declaración que, como por arte de magia, convierte la región en “una zona de paz”. Los guerreristas de toda laya, los que antes asaltaron bancos, secuestraron, sembraron el terror y dejaron regueros de sangre, sufrimiento y angustias, declarando a la región como “zona de paz”, y los presidentes democráticos de Latinoamérica, para vergüenza histórica, firmaron junto con ellos.
Tristemente países democráticos que viven en el sistema del mundo libre y que tienen libre mercado y libertades públicas, acompañan al grupo de facinerosos de la Celac. Los acompañan Argentina, pagando los favores que le hizo Chávez a la presidenta Fernández de Kirchner con aquel famoso cartapacio de los ochocientos mil dólares. Chile y Costa Rica, las democracias más puras de la América Latina, Paraguay, Perú, Colombia, Panamá, Honduras, El Salvador, Guatemala, Méjico y todos los pequeños países del Caribe hasta conformar 33 estados, todos felices en La Habana, haciéndole los honores a los hermanos Castro, cuya democracia otoñal ha cumplido cincuenta y cinco años.
Proclamaron la región como “zona de paz”, ahora que la paz les conviene a ellos. La paz de los sepulcros, de la represión y de la tortura que vive Cuba, la paz del engaño, la miseria, la violencia y la escasez que vive Venezuela, la paz del dominio de todos los poderes del Estado para proclamarse presidentes vitalicios que viven Bolivia y muy pronto Nicaragua. Esa es la paz que les conviene a los socialistas del siglo XXI y con la que se solidarizan como tontos útiles los países democráticos de toda América Latina y el Caribe. Cosas veredes, Sancho amigo. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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