La sede del gobierno local de Mostar, en Bosnia, arde tras haber sido incediada por cientos de manifestantes el 7 de febrero de 2014

Disminuye la tensión en Bosnia, aunque persiste el descontento

El país parecía volver a la calma el sábado, después de tres días de violentas manifestaciones contra la pobreza y la corrupción, que dejaron más de 250 heridos, pero un fuerte descontento persistía entre la población

Bosnia parecía volver a la calma este sábado, después de tres días de violentas manifestaciones contra la pobreza y la corrupción, que dejaron más de 250 heridos, pero un fuerte descontento persistía entre la población.

Biosnia parecía volver a la calma este sábado, después de tres días de violentas manifestaciones contra la pobreza y la corrupción, que dejaron más de 250 heridos, pero un fuerte descontento persistía entre la población.

Cientos de personas se congregaron pacíficamente el sábado en Bihac (noroeste), Konjic (sur) y en Sarajevo, la capital de este país, escenario de violentas manifestaciones y actos de vandalismo en los últimos días.

Sin embargo, a pesar de la calma aparente, la población seguía manifestando su malestar. «Apoyo plenamente a los que saquearon los edificios de la administración. Era simplemente inevitable, ya que parece que nuestros políticos entienden sólo ese lenguaje», dijo a la AFP Amina Mehic, una mujer sin empleo residente en Sarajevo.

Junto a decenas de curiosos, esta mujer salió a constatar los daños causados la víspera por los manifestantes, que prendieron fuego a la sede de la presidencia en la capital. Un fuerte olor a quemado impregnaba el aire cerca de los edificios que albergan la presidencia colegial bosnia y la sede de la administración regional, que también fue incendiada. Los bomberos lucharon toda la noche para apagar las llamas.

«Esta violencia es terrible, pero la gente se ha dado cuenta de que no se puede cambiar nada manifestándose pacíficamente. Los sueldos de los políticos exceden a menudo los 4,000 euros, mientras que la pensión de jubilación media es de 150 euros al mes. Es una vergüenza», exclamó otra mujer, que prefirió guardar el anonimato.

La calma parecía también haber vuelto a Tuzla (noreste), Mostar (sur) y Zenica (centro), escenario de actos violentos sin precedentes desde el fin de la guerra en Bosnia-Herzegovina (1992-1995), que dejó 100,000 muertos.

«¡Estado de guerra! ¡El poder está en llamas!», titulaba en primera plana el sábado el diario Oslobodjenje, tras las violentas protestas que dejaron el viernes más de 250 heridos en Sarajevo, casi tantos policías como manifestantes, según un último balance de la policía.

«Es muy triste ver estas ciudades en llamas menos de veinte años después de otro infierno», dijo a la AFP Jasminka Fisic, residente de Sarajevo y sin empleo. «La gente tiene derecho de hacer y decir lo que piensa, pero no a demoler ciudades. Creo que la única forma de cambiar algo es mandando a la cárcel a todos aquellos que roban al país desde hace veinte años», añadió.

Bajo la presión de las calles, los responsables de las administraciones regionales de Sarajevo, Tuzla y Zenica presentaron su renuncia.

Estas manifestaciones ilustran la exasperación de la gente frente a una corrupción endémica y a una clase política sumida en la politiquería e incapaz de enderezar la economía de este país, en donde el desempleo afecta al 44 % de la población activa.

El movimiento comenzó en Tuzla, otrora la ciudad industrial más importante del país, en donde decenas de empresas cerraron, dejando a miles de personas sin empleo.

«Los políticos tienen que entender que las personas les han enviado una señal seria para decirles que están cansados de la politiquería y que quieren un futuro diferente», señaló a la AFP el analista Srecko Latal.

El Acuerdo de Paz de Dayton (Estados Unidos), que puso fin a la brutal guerra en Bosnia-Herzegovina en 1995, instauró una compleja estructura institucional, en donde serbios, croatas y musulmanes comparten el poder y casi de forma permanente se ven situaciones de bloqueo a causa de disputas étnicas.

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