La confesión hecha a modo de anécdota imaginaria y que se hizo verbo bajo el peso de la realidad política que nos agobia, es producto del análisis concienzudo de los acontecimientos del día a día en nuestra patria. El distinguido político que no tiene cola que le pisen, que se ha desempeñado como miembro del cuerpo diplomático en los gobiernos liberales, quien ahora milita en el PLI colaboracionista y que puede ser considerado como una excepción de honestidad dentro del espectro político de hoy en día, no solo está afirmando que es una persona de principios morales reconocidos, los cuales tiene cómo demostrarlos ante el pueblo nicaragüense a través de una trayectoria política impoluta que se desarrolló dentro de las filas del partido de los pescaditos, sino que nos está dando a conocer lo difícil que resulta plantear y mantener una lucha política en contra del régimen dictatorial del presidente Ortega, usando las armas de la razón y de la ley.
El político de raíces socialcristianas se declaró impotente para poder luchar por los principios de la democracia en contra del gobierno del presidente Ortega, y lo que lo mueve con toda seguridad a dar esas declaraciones, medio en broma medio en serio, son los niveles de aceptación que este Gobierno está teniendo dentro y fuera de nuestra República. Aceptado por moros y cristianos, con aplausos de aprobación por el buen manejo de la economía, con la aprobación global en el manejo de la diplomacia regional y para muestra dos botones: ha logrado sentar en el banquillo de los villanos a Colombia, que no acepta el fallo de la CIJ porque no le favoreció y le ha demostrado a Costa Rica que Nicaragua sabe perder y sabe acatar los fallos adversos.
Si a eso le agregamos las relaciones cordiales con los Estados Unidos, que se ha contentado con el buen manejo de la macroeconomía y con la eficiente lucha contra el narcotráfico; y las relaciones con la Unión Europea, que después de haber sido maltratada en ciertos momentos ya olvidados regresa con el mismo ánimo de colaboración con quien los ofendió, no queda más remedio que decir que el gobierno del presidente Ortega es de logros positivos.
Para cerrar el círculo de aciertos, aparece el señor Wang Jing con la propuesta del Canal Interoceánico y a pesar de los aires de carnaval que tiene el proyecto megabillonario, logra prender positivamente allende las fronteras y de la noche a la mañana Nicaragua aparece en la cartelera mundial con el proyecto más grande del mundo.
Y mientras escribo esto, en Argentina, la Universidad Nacional de Lanús terminó con el trato de bachiller, como se le llamaba al comandante Ortega por su falta de estudios universitarios, al nombralo doctor honoris causa “por su infatigable labor en pro de la soberanía nacional, el cumplimiento de los derechos humanos, la promoción del sistema democrático y su lucha constante a favor de la identidad latinoamericana”.
Realidad o ficción, lo cierto es que los hechos están ahí y con toda la seguridad del mundo esos hechos fueron la razón de la expresión lapidaria del probo político, quien a estas alturas debe ser el más asustado de todos ante el éxito de esta administración controversial, absolutista, inconstitucional, pero de ineludible presencia e inevitable aceptación, al frente de la cual está el ahora doctor Daniel Ortega Saavedra.
“Las cosas que se ven, Sancho amigo”. El autor es periodista.
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