Johnson Cruz está en su casa humilde como su corazón, con un cuchillo y hules sobre la mesa para preparar varias “tiradoras” y enviarlas como recuerdo a los niños de sus amigos en Estados Unidos.
Hoy no irá a la finca El Apante a cortar cabezas de plátanos como lo hace normalmente para vivir. Cruz podría ser el Caupolicán moderno. Tiene la fortaleza para estrangular un León y la coraza para blandir el brazo de Hércules o del mismo Sansón.
Cuando ya nadie lo esperaba, Cruz puso en práctica el recurso favorito de los gladiadores: la resurrección, al verse con frío y cerca de una hipotermia, terminando en el puesto 16, mareado y caminando como un zombi en el país del norte.
[/doap_box]
El joven de 28 años, quien fue el ganador del evento Survival Run 2013 y tercer lugar en el de esta edición, tiene su cuerpo como el de un vehículo abollado, con marcas de heridas en cada rincón y ampollas en la planta de los pies, como recuerdo de lo extremo que fue la competencia, a pesar de ello está listo y no siente dolor alguno para correr el maratón de 100 kilómetros que iniciará este sábado a las 5:00 a.m..
“Este año no entrené como se debía, fue poco mi entrenamiento, si prácticamente ni me ejercité”, dijo el isleño un poco desmotivado porque no hay premios en efectivos ni materiales, solo el honor de haber ganado una de las carreras más duras de todo el mundo.
“El año pasado como iban a dar algo me estuve entrenando fuerte, corrí como 200 kilómetros, me subía corriendo mil metros del volcán Concepción en dos horas, caminaba con un tronco de 150 libras y en la noche en mi casa hacía 500 pechadas y 800 abdominales”, manifestó el nicaragüense.
Ahora, el muchacho graduado en licenciatura en Contaduría Pública y Finanzas, pero que nunca se ha dedicado a ello, quiere correr retos fuertes mientras tenga energías.
Piensa que puede correr cinco kilómetros en 14 minutos y estudiar inglés, porque sabe que su fortaleza tiene fecha de vencimiento, y la sabiduría del estudio perdura conforme el pasar de los años.
Johnson Cruz no tuvo miedo a los retos del Survival Run. Sentía que corría en casa y ayudó a los demás como un buen inquilino.
“Nick Hollon no podía trepar un árbol y entonces yo le indiqué como hacerlo. Lo ayudé a que se subiera, porque yo compito para mí, para divertirme, me gusta hacer amigos, por eso mismo cuando estábamos escalando el volcán Maderas le di una botella llena de agua a Paco Manzanares (mexicano) debido a que tenía sed”, subrayó Cruz.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 B