El joven Elías Charlie debería de estar vivo, participando en un intercambio de experiencias con la comunidad indígena Miccosukee, en la Florida, donde los jóvenes trabajan como guías turísticos en los parques de la Reserva Natural Gran Ciprés y sus familias están exentas de impuestos y atienden las granjas de peces y lagartos. Sin embargo el valioso joven mayangna fue asesinado por invasores ilegales, el año pasado, en la zona núcleo de Bosawas.
A pesar de ser protegida como Reserva de Biosfera por leyes y tratados internacionales, la comunidad indígena Mayangna permanece acorralada y acechada por 20 mil invasores en sus tierras tituladas. Las familias Mayangnas, en vez de ser remuneradas y apreciadas como los Miccosukee, están violentados en sus derechos humanos, luchan en la defensa de sus bosques invadidos por traficantes de tierra, madera y ganado que destruyen sus huertas, contaminan sus ríos y saquean sus recursos naturales.
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En Bosawas, los ríos se secan por el despale y la madera talada con la complicidad de personeros y socios políticos, sale a borbollones a vista y paciencia de las autoridades. Bosawas está a la deriva, cuidada por unos cuantos guardabosques, con escaso presupuesto y seis procuradores en bicicleta. La Policía, en el Triángulo Minero, no captura a los invasores y el Estado les hace escuelas en vez de desalojarlos. Mientras, las comunidades, las autoridades ancestrales y los gobiernos territoriales son divididos desde Managua, por una estructura política paralela que funciona con presupuesto de Hacienda. Decenas de abogados y jueces corruptos hacen transacciones ilegales, que facilitan la incursión de ganado y de testaferros de traficantes de madera.
Falta de voluntad de un gobierno que dicta decretos pero evade resolver los graves problemas que destruyen nuestra Reserva. Innumerables estudios afirman que en seis meses se puede lograr el saneamiento del núcleo. Quizás el Batallón Ecológico del Ejército, que ha efectuado algunos decomisos, invite a Global Witness al país.
A la par del desalojo de los invasores de la Reserva se necesita promover una verdadera tecnificación de la agricultura y las energías renovables, con productores de conciencia integral y actitud emprendedora en sus alrededores. En vez de ganadería extensiva, desarrollo agroforestal sostenible y apropiado financiamiento con un verdadero seguimiento y asesoría técnica a los productores.
Las soluciones estructurales le corresponden al gobierno que cuenta con los helicópteros para vigilar, el Marena para administrar, los presupuestos para impulsar campañas de restauración de los ríos. A la par, las universidades y los diferentes sectores económicos deben ser más consecuentes y decididos para desarrollar infraestructuras ecoturísticas, impulsar viveros con el apoyo de la banca y fondos internacionales, que incluyan evaluación de políticas amigables con el medioambiente y sanciones reales a los gobiernos que no cumplen.
Bosawas es una de las pocas manchas de bosques que quedan en el planeta. Los árboles limpian de carbono y contaminación y nos devuelven oxígeno, por eso los científicos valoran en 6,000 dólares los servicios ambientales que cada hectárea nos brinda. Sin embargo se destruyen 70 mil hectáreas por año a la espera de nuevas acciones de Unesco, de la Integración Centroamericana, y mayores exigencias en los fallos supranacionales (caso Awas Tingni). No se puede alegar falta de presupuesto para cuidar el bosque vivo de Bosawas, cuando se invierte casi un millón de dólares anuales en los esotéricos árboles metálicos en Managua. La verdad aflora en medio de los monumentos sin vida que no logran distraer la destrucción diaria de miles de árboles y vidas en peligro por la destrucción de esta Reserva.
Se acercan dudosas elecciones en el Caribe y a la par nuevas invasiones, si las autoridades y los directivos de sectores económicos no responden con acciones conjuntas y decididas. Las consecuencias no distinguen partidos, ni abusos, ni pactos, simplemente se cumplen y hay distintos grados de responsabilidad en responder a las exigencias de justicia y frenar la barbarie ambiental y humana, evitar más sangre indígena derramada por la impunidad oficial que acaba con Bosawas.
La autora es periodista, miembros de S.O.S. Bosawas.
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