Los días pálidos dorados

Qué hace Dios todo el santo día que se la pasa viendo sin ver nada, sin arreglar nada, con la cabeza vacía, con las manos desocupadas. Para contener los mares Dios hizo las montañas pero qué hizo para detener al hombre? En lo más íntimo de su mano le puso flores y pájaros, y dudas.

Qué hace Dios todo el santo día

que se la pasa viendo sin ver nada, sin arreglar nada,

con la cabeza vacía, con las manos desocupadas.

Para contener los mares Dios hizo las montañas

pero qué hizo para detener al hombre?

En lo más íntimo de su mano le puso flores y pájaros,

y dudas.

Dios hizo al mundo y lo pobló de dudas.

Y me di cuenta que ellas eran parte de sus planes.

La duda me besaba y salía huyendo

Llevaba una blusa marrón y rosada

y una sonrisa tan grande como la Luna.

Fugitivo y prisionero cazador de unicornios

aparece el hombre en los espejos con la belleza del relámpago.

Y ella con volcanes de naranjas dulces que le crecen en sus

pechos

canta canciones de amante como ave del Paraíso.

Y el hombre descubre las sílabas de la duda

y muerde sus acentos carmesí.

Y queda todo roto y remendado atravesando muerte y

resurrección,

minas en el fondo de la tierra donde la pureza hizo los colores

para que salieran a la faz de la tierra y estallaran en árboles

inmensos,

en selvas tropicales y húmedas,

en frutas carnosas con el milagro del olor.

Dios hizo al mundo y lo pobló de serpientes

que reptan en la espesura de la geografía hecha con las líneas

de su mano.

Y así pasan los días pálidos dorados en los Reinos de la Duda

y la Serpiente.

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