Reconocimiento de una gran persona

Adolfo Bonilla

Lo normal en este país es hablar mal de los demás, especialmente de los políticos, así que para tratar de romper ese esquema negativo —y tomando en cuenta que es mejor rendirles tributo a las personas cuando aún gozan de salud y no esperar hasta que fallezcan para expresar qué tan buena persona era el difunto— escribo este artículo sobre Fabio Gadea Mantilla, sin peligro de que se confunda con ninguna otra intención porque no hay campaña de ningún tipo a su favor, ni tampoco él está repartiendo nada.

A lo largo de ocho décadas Fabio Gadea ha demostrado ser una persona cabal, trabajador honrado, empresario justo, actor de radio, declamador, que también se ha destacado por la original creación del personaje popular Pancho Madrigal, que ha calado en la idiosincrasia del nicaragüense por más de medio siglo.

De igual manera se ha distinguido por sus Pinceladas Nicaragüenses que a diario se transmiten en la emisora radial bajo su responsabilidad, en las que se revela su estro poético al describir olores, colores y sabores de frutos, flores y árboles, y al rendirle reverencia a tantas maravillas, bellezas y curiosidades que encuentra en personas, aves, ciudades, pueblos, aldeas, valles y comarcas de la exuberante Nicaragua, exaltando la nicaraguanidad y los valores humanos.

Asimismo su programa radial titulado Cartas de Amor a Nicaragua demuestra su vehemente interés por una patria libre, democrática, con justicia social y oportunidades para todos los ciudadanos. Es su manera de participar en política, pues su incursión partidaria (por las conocidas debilidades de la oposición y la perversidad del régimen actual) ha sido infructuosa.

En todo caso, se puede afirmar que Fabio Gadea es apenas un botón de muestra de una botonería que existe en este país de ciudadanos que pueden desempeñar un papel encomiable en el gobierno nacional, el cual necesita desesperadamente estadistas probos, honestos, ecuánimes, bien intencionados, lo que ha sido tan difícil lograr a lo largo de la trágica historia patria.

No obstante, bastaría con ubicar en el timón de este barco —antes que naufrague— a alguien como el susodicho, o como —entre otros— Alejandro Serrano Caldera (quien sin lugar a duda sería un presidente de lujo), que tienen vocación y compromisos democráticos, que no propician caudillismo ni pretenden acaparar riquezas, para lo cual habría que crear conciencia ciudadana y por encima de todo organizar una sólida e indestructible unidad en la diversidad, a fin de hacerle frente en forma eficaz a los retos que la nación tiene planteados en la actualidad.

En este sentido, son muchos los ciudadanos que podrían asegurar un cambio positivo en el rumbo de esta nación, pero desafortunadamente los que han llegado a hacerse cargo de la cosa pública se convierten (en términos generales) en herederos directos de los conquistadores y colonizadores españoles que asolaron Nicaragua.

Mientras tanto, la inmensa mayoría de la ciudadanía observa cómo se retrocede en el tiempo, hasta llegar al extremo de ver la instauración de una obsoleta monarquía que crea vasallos y conculca el justo derecho de actuar como seres conscientes, como ciudadanos dignos. A pesar de todo, esta situación señala la aproximación al punto crítico en que se deben deponer ambiciones e intereses personales y grupusculares, a fin de armar la gran unidad de todos los inconformes. Es la hora de actuar, no de parlotear. En este caso la organización y la acción son palabras mágicas. El autor fue sindicalista cristiano.

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