El 23 de enero el gobierno argentino devaluó el peso en su nivel más alto en 12 años. LA PRENSA/ EFE

Precios mentirosos

Cuando Argentina decidió la semana pasada flexibilizar las limitaciones a la compra de dólares, se convirtió en el último país emergente en reconocer que los controles de capital suelen fracasar en lo relativo a ocultar los problemas de la economía.

Bloomberg News

Cuando Argentina decidió la semana pasada flexibilizar las limitaciones a la compra de dólares, se convirtió en el último país emergente en reconocer que los controles de capital suelen fracasar en lo relativo a ocultar los problemas de la economía.

Argentina permitió que el peso cayera 15 por ciento luego de que el banco central empezara a reducir las intervenciones en el mercado cambiario el 22 de enero, lo que derivó en aumentos de precios de hasta 30 por ciento en productos de consumo mientras las reservas internacionales caían al nivel más bajo en siete años.

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La oposición argentina exigió ayer al Gobierno que convierta la lucha contra la inflación en el eje central de su política económica y que explique la situación real del país. “Mientras no resuelvan el tema de la inflación el resto de las variables van a seguir complicadas”, dijo el diputado Sergio Massa, no de los posibles candidatos “presidenciables” para los comicios de 2015, luego que el Gobierno autorizara la venta de dólares para el ahorro a cotizantes con ingresos formales mínimos de 7,200 pesos (casi 900 dólares).

Massa afirmó que Argentina “está pagando” la vocación gubernamental “de tapar el sol con la mano, de emparchar problemas estructurales y de mentirse sobre la situación real de la economía”.

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El precio en el mercado negro subió la semana pasada en Argentina a un récord de 12.75 pesos por dólar, en comparación con la paridad oficial de alrededor de 8, según el diario Ámbito de Buenos Aires.

“Los controles de capital indican que un país está muy preocupado por preservar su paridad cambiaria”, dijo en una entrevista Steve Hanke, profesor de economía aplicada de la Johns Hopkins University, en Baltimore, y asesor del gobierno argentino en la década de 1990. “Eso significa que hay problemas”. Las restricciones generan un tráfico ilegal en la moneda local que crea “precios mentirosos” en la economía, agregó.

Las limitaciones del flujo de capital, que van desde un impuesto argentino a las vacaciones en el exterior hasta la estabilización del ringgit de Malasia luego de la crisis asiática de 1997, han tenido resultados ambivalentes en lo relativo a fortalecer la confianza de los inversores en la economía de un país.

Las restricciones al flujo de capital pueden ser efectivas “si son lo suficientemente amplias como para desacelerar una repentina ‘corrida hacia la salida’”, según un informe de analistas del Fondo Monetario Internacional que se dio a conocer este mes.

LA EXPERIENCIA DE VENEZUELA

En Venezuela, una década de controles cambiarios alimenta la inflación más rápida del mundo entre las 114 economías que analizó Bloomberg, así como desabastecimiento de productos básicos.

“Los controles de capital para evitar el ingreso excesivo de flujos han tenido un éxito limitado”, dijo por correo electrónico Ricardo Hausmann, un exministro de Planificación de Venezuela que en la actualidad enseña economía en la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts.

“Los controles de capital para evitar la salida suelen postergar y profundizar, no moderar, la necesidad de un ajuste. Si comprenden la aparición de un mercado cambiario negro o paralelo, derivan en un peligroso desastre macro y microeconómico”, afirma.

LOS BONOS CAEN

Las pérdidas de los bonos de Argentina se ahondan debido al temor de que los esfuerzos del país por frenar una caída de las reservas en moneda extranjera tengan un resultado adverso ante la ausencia de una reducción del gasto público y tasas de interés más altas.

La deuda del país denominada en dólares cayó 4 por ciento desde el 23 de enero, cuando el gobierno devaluó el peso en su nivel más alto en 12 años. Fue la mayor liquidación entre 58 países en desarrollo monitoreados por JPMorgan Chase Co.

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