Querida Nicaragua: Tal vez la democracia no sea un sistema perfecto para gobernar un país, dijo Sir Winston Churchil, pero hasta hoy no se ha encontrado nada mejor. En realidad, la democracia es el sistema en el cual el pueblo escoge el gobierno que quiere tener y lucha para que se cumplan las leyes, y reclama libremente cuando hay errores e inclusive puede, con el recurso de la ley, cambiar funcionarios y hasta mandatarios.
Estamos hablando de elecciones, no de remedos de elecciones. Hablamos de elecciones limpias, transparentes, donde se sigue al pie de la letra lo que manda la ley electoral y donde no hay confusiones entre cédulas de identidad y Consejo Supremo Electoral (CSE). La cédula de identidad, que es el documento intransmisible e indispensable para todo ciudadano, debe ser emitida por un organismo autónomo, independiente de influencias políticas electoreras.
Aquí todos sabemos de la jugarreta que se hace con las cédulas de identidad emitidas por el actual Consejo Electoral. Las cédulas son aquí un elemento más para garantizar los fraudes electorales.
Aquí queridos compatriotas, solo hay dos maneras de poder llegar a cambiar el sistema autoritario, abusivo y totalitario que actualmente padecemos.
La primera es cambiando de raíz todo el sistema actual montado por los magistrados del CSE. Y para cambiarlo de raíz hay que comenzar por destituir de una vez a todos los magistrados. Y no solo a ellos, sino que a los funcionarios de segundo, tercero y cuarto orden que han sido entrenados para perfeccionar los fraudes electorales. La ley electoral ha demostrado ser buena cuando hay gente honesta en la dirección del CSE. Ejemplos: el doctor Mariano Fiallos Oyanguren, la doctora Rosa Marina Zelaya.
La segunda es creando un Instituto o Tribunal de Cedulación independiente, que sea el encargado de darle al ciudadano su cédula sin dilación alguna. Es decir, quitarle esta función a quien no debe tenerla como es el Consejo Electoral.
Estos son dos pasos vitales para que en Nicaragua haya democracia y podamos cambiar el gobierno ineficiente y corrupto que tenemos. Pero, dirán algunos, cómo cambiar a los magistrados y funcionarios del CSE cuando es la Asamblea Nacional (AN) la que tiene que hacerlo y sabido es que el danielismo tiene ahí una aplanadora a su favor. La respuesta es: presión popular. Presión popular hasta lograr que cambien de raíz a todos esos funcionarios.
Y para nombrar nuevos funcionarios, el pueblo debería presentar a la AN una lista de veinte ciudadanos probos, de trayectoria intachable moral y profesionalmente hablando, para escoger a los miembros del Consejo Electoral. ¿Y cómo se logra eso? Con presión popular. Presión popular hasta lograr que la Asamblea escoja a ciudadanos honorables que garanticen procesos electorales limpios.
Una vez limpio el CSE, una vez destituidos todos aquellos agentes fabricadores de copias de cédulas, falsificadores de actas, garroteadores y turberos, entonces las elecciones serán legales, limpias, súper vigiladas, las cédulas de identidad serán el documento intransmisible de cada ciudadano y nadie más podrá votar con copias de cédulas de otros ciudadanos.
Así, con un Consejo Electoral renovado, con el Instituto de Cedulación autónomo, con observadores internacionales y nacionales, con plena libertad para votar, abriendo y cerrando los recintos electorales a la hora indicada y luego con un conteo de votos computarizado y manejado por técnicos de reconocida honestidad, entonces el señor don Daniel podrá participar en una elección libre y transparente y ganar limpiamente, ya que según las encuestas de M&R él tiene la preferencia del 70 por ciento de la ciudadanía. Don Daniel puede hacer esos cambios y ponerse una flor en el ojal presentándose luego como candidato y ganando legítimamente para poder ser un presidente constitucional y legal.
Alguien me dijo: esos cambios son un sueño. ¿Cómo se hacen realidad? Con presión popular, le dije, con presión popular. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la presidencia de la República en 2011.
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