León Núñez
Apesar de que casi no existen premisas del pensamiento que no estén sujetas a controversia —y sobre todo premisas políticas— voy a tratar de fijar algunos extremos que nos pueden conducir a conocer lo que es una dictadura.
La dictadura tiene su origen jurídico-político en la Roma republicana. La voluntad del dictador estaba por encima de la ley.
Los dictadores eran nombrados para que enfrentaran solamente momentos difíciles que podían poner en riesgo la existencia misma de la República, de aquí que el ejercicio de su función fuera temporal. La ley les fijaba un período de seis meses.
Fueron varios los ciudadanos romanos que en distintas épocas ejercieron la dictadura en la Roma republicana, siendo Julio César el último dictador, quien después de ganar la guerra civil, se quiso eternizar en el poder haciéndose nombrar dictador vitalicio. Esta desmedida ambición de poder, este atropello a los valores republicanos causó la “muerte de la República” y la suya. Fue asesinado por Brutus, defensor del sistema republicano. La dictadura dio paso al Imperio.
El Diccionario de la Lengua Española dice que la dictadura es un “gobierno que, invocando el interés público, se ejerce fuera de las leyes constitutivas de un país”, es decir, que estamos en presencia de un dictador cuando este gobierna con poder total, al arbitrio de su voluntad, sin sujetarse a las leyes, es más, se podría decir que estamos también en presencia de un dictador cuando su gobierno se caracteriza por la falta de control democrático de la gestión pública. Cuando en un país el Ejército, la Policía y los miembros del poder legislativo, judicial y electoral se limitan a obedecer ciegamente la voluntad del gobernante, podemos decir que existe una dictadura. Hay quienes sostienen que para que haya dictadura se necesita que existan muertos, presos políticos y exiliados, es decir, a “contrario sensu”, si no existen muertos, ni presos políticos ni exiliados, no existe dictadura. Esto no tiene ningún sustento sociopolítico, ni doctrinal ni histórico. Puede haber dictadura sin que se mate, se encarcele o se exilie a alguien.
La dictadura empezará a mostrar su cara represiva cuando gente de la oposición decide enfrentarla con las armas en la mano, cuando asalte bancos, cuando asesine a agentes del orden, etc. o cuando vea en peligro su existencia ante violentas agitaciones callejeras.
Naturalmente que acciones de este tipo son constitutivas de delito y sus autores deben ser sancionados de conformidad con el Código Penal. Entonces los opositores hablarían de la existencia de presos políticos, de exiliados…Pero cuando la oposición está feliz y contenta con el dictador sería absurdo que hubiese presos políticos y exiliados. Sin embargo, estaremos siempre frente a una dictadura, aunque no haya presos políticos ni exiliados, si el país está sometido a la voluntad absoluta del gobernante, si el Juez dice que la ley dice lo que el dictador dice que dice. Es importante señalar que una característica muy distintiva de la dictadura, sea cual fuere su naturaleza, es la inseguridad jurídica en que vive el ciudadano. En un país con un régimen dictatorial el ciudadano vive “manos arriba”, vive con el temor de que el gobierno en cualquier momento, cuando le interese, lo puede “destruir”.
Me decía un amigo boliviano que en su país con una simple seña del gobierno le podían invadir su finca, y la esperanza de recuperarla judicialmente era una vana ilusión. Entonces, ante esa posibilidad, con ese temor, prefiere no meterse en nada, prefiere vivir “manos arriba”. Enrique Tierno Galván, mi profesor en España, decía que cuando en una dictadura no había oposición era más difícil que el ciudadano común y corriente se atreva a bajar las manos. Yo creo que los pueblos siempre han luchado y siguen luchando porque sea el Derecho el que defina su transitar histórico. Por lo tanto, nunca aceptaremos la dictadura, nunca aceptaremos que la voluntad absoluta de un gobernante esté por encima del imperio de la ley. El autor es escritor y jurista.