Unos chiitas paquistaníes rodean los féretros de las víctimas de un atentado en señal de protesta el 23 de enero de 2014 en Quetta

Pakistán: Fondos de la lucha antiterrorista destinados a la compra de joyas y alfombras

Estas revelaciones son una muestra de la corrupción generalizada en un país con grandes dificultades económicas e incapaz de frenar los sangrientos atentados de los rebeldes talibanes y atañen al Comité nacional de gestión de crisis (NCMC), una oficina del ministerio del Interior creada en 2000 para mejorar la coordinación de la lucha antiterrorista entre los servicios secretos y el gobierno civil.

Fondos del gobierno paquistaní dedicados a la lucha antiterrorista han sido utilizados para comprar regalos de boda, alfombras de lujo, joyas de oro u ordenadores a familiares de ministros o dignatarios de visita en el país, según unos documentos consultados por la AFP.

Estas revelaciones son una muestra de la corrupción generalizada en un país con grandes dificultades económicas e incapaz de frenar los sangrientos atentados de los rebeldes talibanes y atañen al Comité nacional de gestión de crisis (NCMC), una oficina del ministerio del Interior creada en 2000 para mejorar la coordinación de la lucha antiterrorista entre los servicios secretos y el gobierno civil.

Estados Unidos, que obtuvo la colaboración de Pakistán en su «guerra contra el terrorismo» a finales de 2001, ha contribuido en este esfuerzo en los últimos años, junto con otros países occidentales, otorgando a este país sumas millonarias para ayudarlo a combatir a los islamistas talibanes y a sus aliados de Al Qaeda.

El gobierno paquistaní otorgó al NCMC un presupuesto de 425 millones de rupias (cerca de 3 millones de euros) para el período 2009-2013, según unos documentos oficiales obtenidos por Umar Cheema, periodista de investigación del diario paquistaní The News y consultados por la AFP.

Varios documentos muestran retribuciones a diferentes informadores, pagos para el mantenimiento de vehículos o de horas extras de empleados. Pero algunas facturas mencionan regalos a diplomáticos, estadounidenses y británicos, o flores y pasteles enviados a periodistas.

Un recibo certifica incluso el pago de 70,000 rupias (487 euros) por la compra de «dos relojes para el sobrino del ministro del Interior por su boda».

Otro documento muestra que este ministro, Rehman Malik, compró durante un viaje a Roma – en el marco de una conferencia de Interpol en noviembre de 2012- varios «regalos»: un collar, mesas de madera y un iPad.

Los fondos del NCMC fueron también utilizados a principios de 2013 para comprar tres alfombras, como regalo de bodas para el hijo del entonces primer ministro, Raja Pervez Ashraf, así como dos juegos de joyas, una de un valor de 2,200 euros y otra de 1,100 euros, para destinatarios no precisados.

El actual gobierno del primer ministro Nawaz Sharif, que llegó al poder tras su victoria contra su tradicional rival del PPP en las elecciones de mayo pasado, ordenó una auditoría de las cuentas del ministerio del Interior para el período 2010-2013.

Contactado por la AFP, uno de los principales acusados en este caso, el exministro del Interior Rehman Malik, dijo que «no tenía el control de los fondos del NCMC» y que «no los utilizó».

No obstante, en algunas facturas figuran anotaciones manuscritas que indican que la compra en cuestión se realizó bajo su orden. «Ustedes saben cómo funcionan las cosas en Pakistán. Esto no quiere decir que autoricé personalmente el gesto», respondió el exministro.

Por otro lado, miles de personas se manifestaron el jueves en Pakistán contra el atentado que causó el martes la muerte de 24 peregrinos chiitas que regresaban de Irán en autobús en una carretera del suroeste del país.

Unos 2,000 personas se manifestaron el jueves en Quetta, capital de Baluchistán, la provincia donde tuvo lugar el atentado, constató la AFP.

Algunos allegados a las víctimas colocaron ataúdes con sus cadáveres en la avenida de la ciudad en la que tuvo lugar la manifestación, negándose a enterrarlos hasta que el Estado tome medidas contra los agresores, un gesto de protesta muy fuerte en una sociedad musulmana, en la que se acostumbra enterrar a los muertos rápidamente.

También hubo manifestaciones similares en Karachi (sur) y en ciudades de la región de Punyab (centro y este), como Lahore, Multan o Rawalpindi, cerca de la capital Islamabad, según unos colaboradores de la AFP.

Los chiitas representan alrededor del 20 % de la población paquistaní.

El atentado tuvo lugar en el pueblo de Dringhar, en la autopista que une Pakistán con Irán, a unos 60 kilómetros al oeste de Quetta, la capital de Baluchistán, una provincia que cuenta con yacimientos de petróleo y gas. Lo reivindicó el Lashkar-e-Jhangvi, un grupo que se inspira, entre otras cosas, en la ideología salafista de Arabia Saudí y afirma tener vínculos con Al Qaeda.

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