Darwin Sevilla vive un sueño. Es el mejor bateador de los Indios del Bóer con .400 de promedio en esta Serie Final, que ganan 3-1 los Gigantes de Rivas.
Los capitalinos están a un paso de la muerte, pero para Sevilla esta Liga Profesional ha sido de vida, debido a que ya no es el anónimo granadino criticado por jugar de titular con la Tribu.
Es delgado y con un físico que no sorprende. En la calle lo pueden confundir con todo, menos con un deportista. Sevilla tuvo que quebrantar la ley del más débil.
“A Darwin le dimos la confianza y la está aprovechando. Es un muchacho muy esforzado”, mencionó el mánager Juan Castro, en el inicio de la campaña.
En un comienzo, Dwain Fox y Fausto Suárez eran favoritos para jugar la segunda base y el cubano Leugin Barroso como el parador en corto, pero Sevilla apareció de la nada, se estableció por su guante y apoyó con el madero al batear .258, con dos dobles, 10 robos y tres carreras impulsadas.
Hoy en día, el joven de 23 años, juega a su estilo, el de toques de pelotas, correr, robar bases y hacer contacto con el madero. Ya no es la sombra de Iván Marín en Granada, este año obtuvo brillo propio y espera seguir sorprendiendo.
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