Estando en —“dique seco”— las obras de ampliación del Canal de Panamá y después de haberse conocido, primero: que las compañías constructoras GUPC, integrado por Sacyr Vallehermoso, de España; Impregilo, de Italia; Jan de Nul, de Bélgica, y Constructora Urbana, de Panamá, amenazaron con la paralización de la obra a partir del 20 de enero si no se les cancelan gastos adicionales por un valor de 1,600 millones de dólares. Segundo: La posición de la estatal Autoridad del Canal que declaró que los argumentos del contratista “carecen de sustento legal y no son claros” de acuerdo con la legislación canalera, que tiene respaldo de la Constitución de Panamá, como lo acota muy bien El País, (diario de España) en un reciente artículo “las reclamaciones deben presentarse primero ante esa instancia y, de no haber arreglo, se pasará a dos fases decididas por terceros: una Junta de Resolución de Disputas y un arbitraje internacional en un tribunal en Florida”.
La conclusión es muy sencilla: El proyecto de ampliación del Canal de Panamá está por el momento en crisis, y es posible que aquellos que están trabajando en una alternativa de una ruta nicaragüense se encuentren con una oportunidad brindada en bandeja de plata, y sea la hora de impulsar y definitivamente ese sueño que ha sido el objeto de muchas generaciones criollas: un Canal Interoceánico por nuestro país.
El gran reto ante el cual nos encontramos es cómo convertir un proyecto del gobierno del presidente Ortega en un proyecto nacional, que goce del respaldo de la mayoría de los nicaragüenses y que sea al mismo tiempo avalado por el resto de Centroamérica.
Estemos claros que los retos para llevar a cabo este proyecto no están ni en el campo tecnológico, ni mucho menos en la captación del capital necesario para su realización.
El desafío está en tener la capacidad y flexibilidad necesaria para poder vender dicho proyecto no solo a China sino a los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Cómo hacer posible que los halcones del Pentágono o cualquier otra fuerza no vean un verdadero peligro en este proyecto, que se sitúa en el antiguo “mare nostrum” norteamericano?
Hemos pasado de los tensos años de la “guerra fría” a una especie, interconexión y colaboración entre las grandes potencias. La economía norteamericana y la de China están íntimamente relacionados. Y si en Washington todavía se proclama a Hamilton y en Pekín se recuerda con nostalgia a Mao, la verdad es que ambos sistemas ruedan alrededor del capitalismo.
¿Cómo crear la confianza para que el proyecto del Canal por Nicaragua sea vendible? Paradójicamente la solución la tiene la persona que hasta el momento lo ha impulsado; el presidente Ortega.
Si el señor presidente muestra una apertura, si da señales claras de querer reforzar la institucionalidad y el Estado de Derecho. Si se diera una mayor auditoría de los recursos públicos, una mayor transparencia en la justicia que haga confiable el sistema para traer la inversión. Si se promueve una reducción de la discrecionalidad administrativa y se conciencia en la necesidad de funcionarios más capaces, nombrados por su nivel de capacitación técnico, y no nombramientos de carácter particular, entonces el proyecto podría convertirse en un proyecto de nación.
Lo que ha hecho realmente el éxito de China en las últimas décadas es el cambio. El gigante asiático ha sido capaz de cambiar y adaptarse. En la medida que pueda seguir haciendo esto, continuará creciendo y podría llegar a ser como muchos lo presagian, la primera potencia mundial.
El señor presidente tiene ese reto y he aquí que le llega su oportunidad: —la crisis panameña—, que de seguro se arreglará, ya que hay muchos intereses en juego, pero se plantea la oportunidad para realzar la vía Nicaragua, esa oportunidad tiene que venir acompañada de una apertura política, social, pero sobre todo de actitud ante el poder. ¿Podrá lograrse ese requerimiento básico, o se caerá en nuestra tentación atávica del Cesarismo? El tiempo nos dará la respuesta, pero lo único que sé, es que si no se hace, habremos perdido otra buena oportunidad ante la historia. El autor es abogado.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A