Luis Sánchez Sancho

Laocoonte y sus hijos

El buen amigo y asiduo lector de esta columna, don David Bayardo Muñiz, residente en San José de California, me cuenta que recientemente visitó el Museo de Arte Moderno de San Francisco. Y me dice don Bayardo:

“Entre el muestrario de esculturas que exhibe, encontré una réplica de otra que existe en un museo de Florencia, Italia. La leyenda explicativa habla de Laoocon, un sacerdote de Apolo, que está sufriendo agonía junto con sus hijos, enroscados por una enorme serpiente. Como no se explica nada más, ignoro qué fue el mal que hicieron para (sufrir) semejante castigo…” Y me pide don Bayardo que escriba sobre el tema.

Ante todo, debo decir que por lo que sé, la escultura original de Laocoonte (la cual se llama precisamente Laocoonte y sus hijos), está en el Museo Pío Clementino, parte de los Museos Vaticanos de Roma. Se considera que fue esculpida a principios de la era cristiana por Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas. Fue encontrada en enero de 1405 en un viñedo cercano a la basílica de Santa María la Mayor, en tiempos del papa Julio II, y fue identificada por Miguel Ángel.

El mito de Laocoonte (nombre que según el erudito británico Robert Graves significa “muy perceptivo”), adivino y sacerdote de Apolo y de Poseidón en Troya), es mencionado por Virgilio, en el Libro II de La Eneida . Autores posteriores a Virgilio especularon que Laocoonte podía ser hijo de los reyes de Troya, Príamo y Hécuba, o que era hermano de Anquises, padre de Eneas, y por lo tanto hijo de Capis y Temiste.

Relata Virgilio que cuando los griegos simularon levantar el sitio de Troya y marcharse, dejando frente a la ciudad un enorme caballo de madera, hueco, en cuyo interior se escondieron decenas de los mejores guerreros de Grecia, los troyanos dividieron sus opiniones y se enfrascaron en ardientes discusiones. Unos opinaban que el caballo era una ofrenda que se debía introducir en la ciudad y hacerle los honores correspondientes, pero otros sostenían que era una trampa y que lo mejor sería prenderle fuego o abrir el vientre de madera y registrar su interior.

Preguntaron a Laocoonte su opinión y el sacedores dijo que era una trampa y que de los pérfidos griegos no se debía aceptar ni los regalos. Laocoonte propone destruir el caballo y dando el ejemplo arroja una lanza contra el vientre de la gigantesca figura de madera. Dice Virgilio que en ese instante, dos enormes serpientes salen del mar, atrapan y enroscan mortalmente a los dos hijos de Laocoonte (Anfitafe y Timbreo) y luego hacen lo mismo con Laocoonte, cuando este quiere auxiliar a los indefensos muchachos. Y entonces Laocoonte eleva al cielo horrendos clamores, semejantes a los de un toro cuando es mal herido en una piedra de sacrificios.

La expresión Laocoonte en ese momento extremadamente trágico, por el dolor y la impotencia de ver morir a sus hijos y de perder la vida él mismo, fue captada y esculpida magistralmente por los escultores antes mencionados. Según los entendidos eso es lo que hace una obra maestra del conjunto escultórico llamado Laocoonte y sus hijos, y que su expresión de infinito sufrimiento fue tomada como modelo para pintar o esculpir el rostro de Cristo.

Una versión alternativa de este mito cuenta que Laocoonte fue castigado por haber tenido una relación sexual con su mujer, Antíope, en el templo de Apolo, o porque se casó contrariando el mandato del dios de que sus sacerdotes debían ser célibes.

Cuando los griegos fingieron levantar el sitio de Troya y marcharse, dejando frente a la ciudad un enorme caballo de madera, hueco, en cuyo interior se escondieron decenas de los mejores guerreros de Grecia. Laocoonte, quien era sacerdote de los dioses Apolo y Poseidón, pidió que el caballo fuera destruido y él mismo le arrojó una lanza.

Columna del día Opinión Mitología archivo

COMENTARIOS

  1. Jer
    Hace 13 años

    El último párrafo está demás !

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