Jeniffer Castillo Bermúdez
En aquellos tiempos ser maestro era algo grande. “Éramos respetados y queridos” por la comunidad y “formábamos la pequeña burguesía”. “Allá viene el maestro y cuándo entrábamos al aula de clases los estudiantes —que siempre lucían impecables sus uniformes azul y blanco— nos daban los buenos días con mucho respeto y aprecio”.
Quien habla recordando es Nubia González, una de las primeras 51 maestras normalistas que tuvo Managua en 1964. Hoy, esta docente se mira dentro de un aula de clase y recuerda el valor que como educadora tenía dentro de la sociedad.
Cuando el padre de familia tenía algún problema con su hijo o familiar, pedía consejo al maestro y lo que el educador decía era ley y su palabra tenía peso en la comunidad.
“Hoy eso se ha perdido. Hay irrespeto. La sociedad ha cambiado mucho por la influencia del medio. Se han perdido hasta los valores en la familia”, cuenta González.
En 1964, cuando ella y sus otros 50 compañeros empezaron a impartir clases de primaria, “las paredes (de las escuelas) no podían estar sucias. Aunque teníamos incomodidades en algunas escuelas por la pobreza, siempre se mantenían limpios. Los patios permanecían limpios, no había necesidad de conserjes para limpiar los patios, las aulas las limpiaban los mismos muchachos”, relata González.
Estos 51 maestros conformaron, en 1964, la primera generación de maestros docentes de la Escuela Normal de Managua.
Esos son tiempos que no volverán: alumnos con las camisas blancas impecables dentro del pantalón azul bien planchado y zapatillas negras. Todos haciendo una hilera perfecta para la bienvenida matutina previo al inicio de la jornada escolar. “Todos cuidando de su escuela y sus maestros”, rememora Mario Palma Zepeda, otro de los maestros que egresó de la Normal hace 50 años.
Esto lo dice porque “ahora sí se mira cómo los valores se han perdido. Los estudiantes ya no cuidan sus escuelas, pintan las paredes, rayan sus pupitres y falta el respeto a sus maestros”, lamenta Palma.
HASTA PARA ZAPATOS Y ALMUERZOS CON CARNE DE RES
Pero los maestros de 1964 no solo gozaban de ese respeto, sino también de “la buena vida”, porque los 900 córdobas mensuales que recibían como salario, en esa época, les permitía vivir con comodidad financiera.
[/doap_box]
A la profesora Elda García, esposa de Palma, su salario le permitía ir “cada mes a las ofertas de zapatos. Con 45 córdobas yo compraba dos pares de zapatos finos de tacón. Me daba esos gustos”, cuenta García. Con 150 o 200 córdobas pagaban la renta de una casa modesta y 30 centavos de córdoba costaba el transporte.
“Podíamos comer carne porque la libra de carne, la buena carne, costaba 2.50 córdobas”, recuerda Palma.
Este viernes, parte de los primeros 51 maestros normalistas que graduó la capital celebrarán sus Bodas de Oro en la Escuela Normal de Managua, en el barrio La Fuente. No es la primera vez que se encontrarán después de haber sido compañeros de clases, de magisterio, de juventud y vocación.
De pronto, un grupo de ellos organiza tertulias en casa de más de alguno que festeja su cumpleaños o que simplemente quiere recordar aquellos momentos en los que “el maestro era el maestro”.
DE LA PATRIA AL PARTIDO GOBERNANTE
Cuando Aristides Delgado egresó de la Escuela Normal junto con Palma y González, “para que un estudiante pudiera ser bachiller tenía que realizar un examen público”, relata.
De hecho, “los estudiantes de los colegios privados de la época iban a las escuelas nacionales (públicas) para hacer su examen y ser llamados bachilleres”, asegura la docente Zaida Altamirano.
Las pláticas de estos maestros de antaño no olvidan sus “tiempos de gloria” como docentes. “Nos mandaron a hacer prácticas al campo y para nosotros fue una gran oportunidad porque fue una manera de mostrarnos la experiencia en las zonas rurales y ser mejores al volver a la capital”, asegura la profesora Luz Mercedes Corrales.
POLÍTICA DE HOY EN LAS AULAS
De vuelta a la realidad de hoy, los antiguos maestros se lamentan incluso del irrespeto institucional a la figura de los maestros.
“En el momento en que las aulas son invadidas por el aspecto político del gobernante de turno empezamos a sentir que los valores del estudiante, en vez de ser dirigidos a la parte patriótica, van dirigidos al partido que está gobernando”, reflexiona Palma en la última reunión de maestros y amigos que hicieron en casa de la profesora Zaida, en Altamira.
La intromisión excesiva de los estudiantes, sindicatos y partidos en las decisiones de la escuela no es nueva. En los años ochenta el gremio estudiantil empezó a “empoderarse” y su rol ya no solo era aprender dentro del aula de clases sino que —por el apoyo que tenían de las autoridades educativas— estos podían meterse en las decisiones y realizar otras actividades extracurriculares.
Esta primera graduación de maestros normalistas en Managua se organizó porque el Ministerio de Educación de la época se vio presionado por un incremento en la matrícula y “los maestros que ya trabajaban para el ministerio tenían que trabajar dobles turnos y con nuestra entrada al magisterio de Managua esa carga laboral disminuyó”, comenta Palma.
Estos maestros de la vieja escuela hoy resaltan la importancia que debe darle la sociedad a los educadores.
“Los maestros actuales están desmotivados porque el sueldo que tienen es un ingreso que necesita de otros trabajos que no están acorde a la formación docente —como hacer tortillas o taxear— y hacen que el maestro se sienta hasta arrepentido de haber estudiado la carrera.
El salario de un maestro de primaria actualmente es de 4,200 y 5,000 córdobas el de secundaria. Con esto no cubren ni el 50 por ciento del costo de la canasta básica.
Pero esas desgracias modernas del magisterio, a estos maestros no los hace arrepentirse de haber optado hace 50 años a una vocación casi religiosa de enseñar al que no sabe.

Ver en la versión impresa las páginas: 4 A