Querida Nicaragua: Alguien dijo alguna vez que el peor pecado de un gobierno es no propiciar la creación de empleos para sus gobernados. No existe espectáculo más triste que un hombre en la pobreza, recorriendo las calles en busca de trabajo sin encontrarlo. La figura noble del padre de familia desempleado, que quiere trabajar para llevar el sustento al hogar y no encuentra trabajo por ninguna parte, es una gran pena y gran desgracia para la nación.
Sostienen los historiadores que una de las motivaciones sociales que llevaron a Hitler al poder en Alemania, fue precisamente un país en la miseria, donde abundaban los hombres honrados buscando trabajo sin encontrarlo. En varias lecturas puede verse el cuadro triste de un obrero alemán en los años treinta con cartel a la espalda y un letrero que clamaba: “Tengo hambre, quiero trabajar”. Un pueblo en tal grado de desesperación es capaz de cualquier cosa.
Algunos sociólogos identifican el problema de la dictadura hitleriana con ese fenómeno social ocurrido en la Alemania de los años treinta del siglo pasado, empobrecida por determinada circunstancia histórica. Hitler llega al poder y da trabajo a los obreros y hace enormes fábricas de armas. Resurge el pueblo alemán y Hitler logra fanatizar a la juventud y ponerla al lado suyo inclusive en los momentos de delirante entusiasmo por el dominio del mundo.
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El inicio de la catástrofe mundial llamada Segunda Guerra Mundial fue la pobreza, la miseria, la escasez de trabajo en Alemania. Fuera de lo que el trabajo significa para la subsistencia de la familia en lo material, significa además el soporte espiritual de la misma familia. Un pueblo con hombres y mujeres trabajando es un pueblo feliz.
Aquí tenemos miles de obreros sin trabajo y con las esperanzas perdidas porque no encuentran empleo. La enorme fila de migrantes hacia Costa Rica habla más que mil palabras.
Alguna vez expresé la idea de crear un Ministerio de Emergencia Laboral para darle trabajo rápidamente a todo aquel ciudadano que no lo tenga. El proyecto parece utópico pero es perfectamente posible con buena voluntad y amor por el pueblo. Mucha de la delincuencia que padecemos tiene su origen en la falta de trabajo. Los horribles asesinatos son el producto de hogares que han creado hijos en la miseria por el desempleo. Una sociedad no puede desarrollarse sin una fuerza laboral importante que le dé producción al país y la subsistencia a cada familia. El Gobierno debería darse cuenta del enorme problema del desempleo y tratar de resolverlo lo más pronto posible. Pero obviamente parece no haber voluntad para ello. Un gobierno responsable comenzaría creando empleos para tantos obreros desocupados. Pero no hablo de crear empleos públicos impr
oductivos. Hablo del fomento de la pequeña, mediana y grande empresa, de las facilidades que hay que darles a los inversionistas y de la seguridad que debe tener cada ciudadano de que sus bienes serán respetados y no perseguidos y confiscados como algunos casos que están ocurriendo. Habrá empleos en la medida que se creen nuevas empresas y habrá nuevas empresas en la medida en que el Gobierno no sea enemigo de ellas, no sea solamente un cobrador de impuestos, sino que ante todo sea fomentador de medidas que favorezcan la iniciativa privada. Ningún país ha salido del subdesarrollo sin fomentar la apertura de negocios libres. Hay que favorecer y fomentar la industria de la construcción y muchas otras, el comercio, la ganadería, la agricultura, la forestación de los bosques. Así se crearán empleos que harán ciudadanos dignos, familias dignificadas por el trabajo diario para obtener el sustento de todos los días. El Gobierno debe hacer posible que todos los ciudadanos trabajen, no crear holgazanes dispuestos solo a estirar la mano como mendigos. Es el trabajo lo que realmente dignifica al ciudadano y hace grandes a los pueblos. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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