Wendy Álvarez Hidalgo
Primero fue impulsadora, luego promotora de ventas de una compañía, y después se convirtió en asistente de recursos humanos. Hoy es una de las empresarias más exitosas de Ciudad Sandino, un municipio del departamento de Managua donde el 35.5 por ciento de los hogares vive en la indigencia.
Así es como la vida de doña Iveth Juárez Cerda ha estado sometida a una metamorfosis que la ha conducido por el camino de la prosperidad, pero sobre todo le ha ganado la batalla a la pobreza.
En 2007 esta mujer convirtió el conocimiento heredado de su abuela y el amor a sus hijos en sus principales aliados para sobreponerse a uno de los peores temores que puede afrontar una persona: abandonar un empleo para echar a andar una idea de negocio, y peor aún, con escaso capital financiero.
En esa época doña Iveth se llenó de coraje, redactó su carta de renuncia y se la entregó a su jefe teniendo solo 50 dólares en su bolsillo, sin imaginar que siete años después se le multiplicarían al mil por uno. “No me equivoqué, tomé la mejor decisión”, dice sonriente.
Su negocio, Cereales Doña Zeneyda, no deja de crecer día a día. Tal ha sido el éxito que su propia casa se ha convertido en un lugar no apto para la convivencia familiar, porque esta se ha transformado en una empresa. El salón de comedor ahora es el área de almacenamiento del producto terminado; la sala central es la recepción y zona de despacho de los cereales; uno de los tres cuartos es el espacio de empaque y etiquetado; todo el patio en el departamento de procesamiento de los productos.
De Cereales Doña Zeneyda sobreviven 10 familias, ya no solo la de Iveth. Esta emprendedora ya piensa en la mudanza.
La misma estará ubicada en Ciudad Sandino y se estima que tendrá un costo mayor a los 200 mil dólares.
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Dirección: Zona número Dos de Ciudad Sandino. De Asodenic una cuadra al Sur, casa número 25, a mano derecha.
Teléfonos: 86594447 / 22690212.
Correo: [email protected]
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DEL FOGÓN A LA INDUSTRIALIZACIÓN

En el hogar de Iveth ahora se respira prosperidad. Pero esto no siempre fue así. Comenzó “desde muy abajo”. Ella se levantaba desde muy temprano para tostar las especias y el maíz o soya en un fogón a base de piedra y leña en el centro del patio, para luego vender los cereales en Ciudad Sandino y entre sus antiguos compañeros de trabajo.
Hoy se despierta para encender las modernas tostadoras y para coordinar la entrega de sus productos a supermercados, pulperías de todo el país, centros escolares, y muy pronto posiblemente a mercados internacionales. Antes producía y vendía 50 libras de cereales, ahora son más de 8,000 bolsas (de una libra cada una) que entran al mercado nacional mensualmente y “cada día la demanda crece más y más”.
Iveth dice que si antes le preocupaba que las ventas se enfriaran, ahora su miedo es no poder cumplir los pedidos de hasta 5,000 bolsas de cereales que un mismo comprador le hace para entregar en menos de una semana. Aún así, nunca le dice “no” a ese tipo de encargos, aunque tenga que trabajar el doble.
Los hijos de doña Iveth, una mujer y dos varones, ahora tienen un empleo seguro. Su hija, quien estudia una carrera vinculada a la administración empresarial, se incorporará en los próximos años como gerente de unas de las áreas de operaciones de Cereales Doña Zeneyda.
La especialidad de esta empresa son los sabores tradicionales nicaragüenses: pinolillo, pinol, cacao, semilla de jícaro, avena, soya, policereal, tiste, entre otros.
Cada producto cuenta con su código de barras, información nutricional, marca registrada, registro sanitario, entre otros. Y mejor aún, la información también está en inglés. ¿Y por qué Zeneyda? Es en homenaje a su mamá, quien le enseñó desde muy pequeña el buen gusto de este tipo de bebidas.
Iveth aconseja a las personas que tengan ideas de negocios a renunciar al miedo al fracaso y aventurarse al echar a andar el mismo y perseverar cuando los primeros intentos parezcan fallar.
UN VIAJE A SUIZA
Pero el éxito empresarial de esta emprendedora no solo se cuenta en Nicaragua. También en Suiza y Estados Unidos, y muy pronto en Panamá.
Tras conocida su historia en tierra pinolera, Iveth fue invitada a viajar a Suiza para compartir su experiencia y a la vez para aprender más sobre cómo hacen esas empresas europeas para sobrevivir en el tiempo.
Estando ahí, cuenta, se alojó en lujosos hoteles, comió en finos restaurantes y conoció lugares que quizás seis años atrás nunca se imaginó que visitaría. Y lo mejor de todo, dice: “Viajé con todos los gastos pagados (sonríe)”; pagados por el prestigio de sus productos.
También ha participado en innumerables ferias en Estados Unidos y locales. Y aunque ha crecido muy rápido, dice que tiene múltiples proyectos que podrían convertirla en los próximos 10 años en una fuerte competidora en el mercado nacional. La meta ahora es lograrlo.
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