Xenoclea era la pitonisa del oráculo de Apolo en el templo de Delfos, en el tiempo de las legendarias aventuras de Heracles, o Hércules como se le llama en la mitología romana.
Pitonisa, o Pitia, era el sobrenombre que se daba a las mujeres que interpretaban los mensajes (oráculos) del dios Apolo en su gran templo de la ciudad de Delfos. El nombre de pitonisa derivaba del de una serpiente fabulosa que se llamaba Pitón, la cual vivía en el sitio donde fue construido el templo de Apolo, quien la mató para apoderarse de su sabiduría y transmitirla él mismo por medio de sus oráculos.
Al principio la pitonisa era escogida solo entre muchachas vírgenes y muy bellas. Pero un día, un aventurero llegado de Tesalia raptó a la pitonisa de turno y la violó. Entonces se determinó que en adelante solo serían pitonisas mujeres mayores de cincuenta años, a quienes, en recuerdo de la costumbre anterior se les maquillaba, vestía y adornaba como si fuesen agraciadas doncellas.
Pues bien, Xenoclea era la pitonisa del templo de Apolo, en Delfos, cuando llegó Heracles para saber qué debía hacer para purificarse, después de haber matado a Eurito, rey de Ecalia. Heracles mató a Eurito, a quien tenía de huésped, porque se negó a entregarle su hija Yole como esposa, a lo cual se había comprometido en el caso de que Heracles ganara una competencia deportiva, que la ganó.
Heracles, para lavarse la sangre de Eurito debía ser purificado por un rey, por eso fue a donde Pirito, rey de Orcómene, pero este no lo quiso purificar cumpliendo un acuerdo de todos los soberanos de no perdonar a quien había matado a uno de ellos.
De manera que Heracles fue a Delfos y pidió a Xenoclea que preguntara a Apolo qué debía hacer para purificarse. Pero la pitonisa lo repudió. “Has matado a un huésped. Para ti no hay oráculos”, espetó Xenoclea a Heracles, quien replicó: “Pues entonces yo tendré mi propio oráculo”. Acto seguido Heracles le arrebató a Xenoclea el trípode (así se llamaba la plataforma sostenida por tres barras, a la que subía la pitonisa para dar a conocer el oráculo de Apolo), lo cargó sobre los hombros y se lo llevó.
Apolo persiguió a Heracles y entró en lucha con él, hasta que fueron separados por un rayo lanzado por el enojado Zeus (padre de Heracles). Zeus sentenció a Heracles a que, como castigo por su impiedad y robo sacrílego, debía construir un templo en honor de Apolo, de Dionisio (Baco) y del mismo Heracles. Y después debía ir a pedir perdón a la pitonisa Xenoclea por el ultraje que le había inferido.
Así lo hizo Heracles. Después que construyó el templo como lo ordenó Zeus, volvió al templo de Apolo en Delfos, pidió perdón a Xenoclea y le rogó que le transmitiera el oráculo para saber cómo purificarse. “Para librarte de males tendrás que ser esclavo durante un año”, dijo el oráculo a Heracles por medio de la pitonisa. “¿Yo esclavo? Pero, ¿de quién?”, preguntó Heracles. “De Onfalia, reina de Lidia”, le respondió Xenoclea. (Lidia era en ese tiempo un reino de la Asia Menor, situado donde en la actualidad están las provincias turcas de Izmir y Manisa).
Y así fue que durante un año o tres según las distintas versiones, Heracles fue esclavo de Onfalia y durante ese tiempo limpió de bandidos toda la región de Lidia. Pero además de esclavo Heracles fue amante de Onfalia, quien al cabo de cierto tiempo lo dejó en libertad y le dio cuantiosas riquezas en premio por sus valiosos servicios.
Pitonisa, o Pitia, era el nombre genérico de las mujeres que interpretaban los mensajes (oráculos) de Apolo. El nombre derivaba del de una serpiente fabulosa que se llamaba Pitón, la cual vivía en el sitio donde fue construido el templo de Apolo, quien la mató para apoderarse de su sabiduría y transmitirla él mismo por medio de sus oráculos.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A