Amalia Morales
Los últimos 22 años de la vida de Francisco Palacios, extrabajador de la Pennwalt, se parecen un poco al mercurio: incoloro, insaboro.
Se ha enfermado. “Padezco de lagunas, charcos mentales, desánimo doble ánimos y, ¿cómo le llaman a eso que uno tiene doble personalidad? Eso… bipolaridad”, dice después que otro de sus colegas le sopla el término.
Él fue uno de los trabajadores que resultaron contaminados por mercurio, según las pruebas que aplicaron las autoridades de Salud en la época en que se decretó el cierre de esa fábrica en 1992.
Palacios, como tantos otros de los 350 extrabajadores de la Pennwalt, jamás volvió a tener un trabajo formal.
El color de “enfermos y locos” solo les dejó a muchos la opción de ser trabajadores informales. “Me dediqué a buscar la vida”, dice este hombre de 62 años.
Vendió agua helada, zapatos en el mercado, fue vigilante en una iglesia. Su historia es común a la de muchos otros obreros que han sobrevivido a la contaminación de la Pennwalt.
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Algunos se han muerto. Carlos García, uno de los dirigentes de los extrabajadores, calcula que unos 60 obreros han muerto. Y la mayoría plagados de enfermedades originadas en sus años de trabajo en la Pennwalt.
SE ORGANIZAN
Desde septiembre del año pasado, un grupo de extrabajadores comenzó a juntarse nuevamente. Esta vez no se encuentran para deprimirse con sus historias ni para contar los detalles del que está enfermo.
Ahora, por primera vez, se han juntado para organizarse y constituirse legalmente como un sindicato de extrabajadores de la fábrica Pennwalt que les permita reclamar sus derechos.
La idea de la organización, dice el abogado Carlos Obando, es buscar acercamiento y una negociación con los representantes del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), instancia que asumió las instalaciones ruinosas de la fábrica y la propiedad que está al pie de la cuesta El Plomo, a unos metros del lago Xolotlán.
“Queremos un acercamiento para que valoren la situación paupérrima de los extrabajadores”, dice Obando.
Ervin Rivera, otro de los abogados que está apoyando la creación del sindicato, recordó que en el país no existen leyes específicas que restrinjan el uso y la manipulación de químicos como el mercurio.
Rivera explicó que tanto la Ley 168, que prohíbe el tráfico y uso de sustancias tóxicas, como la Ley General de Higiene y Seguridad del Trabajo (618) no regulan el uso de sustancias químicas tóxicas como el mercurio, considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como uno de los productos químicos más perjudiciales para la salud. Y en ese sentido, Rivera mencionó a los mineros como otro grupo de trabajadores que actualmente está en alto riesgo.
La minería artesanal hace aleaciones de mercurio y oro.
García dice que en este sindicato convocando a todos los extrabajadores. Esperan juntar a más de 70. También a familiares de algunos fallecidos. Hasta ahora han existido dos grupos de extrabajadores, pero la idea es que se junten todos en el sindicato y que vayan juntos al BCIE.
Obando dice que lo pueden llamar al teléfono celular: 81624946, o bien al 87872625.
El nuevo grupo de extrabajadores va a intentar un acercamiento con el Banco a fines de enero.
A Palacios le gustaría lograr una pensión definitiva. Hasta ahora solo ha tenido pensiones parciales y una atención médica insuficiente. Hay medicamentos que no le da el seguro. “Me ayudan mis hijos”, dice Palacios mostrando un legajo que resumen su vida estos últimos 22 años.
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