Bipolar
Mientras en Venezuela, el presidente Nicolás Maduro anuncia que obligará a los empresarios, vía decreto, a bajar los precios de los carros para que se vendan a “precios justos”; en Cuba, comienza la venta libre de automóviles a precios de hasta más de 200,000 dólares. Ambas parecen bromas de mal gusto. Este nuevo socialismo es así. Bipolar.
Viaje en el bus
Sería bueno, ya que vamos en este bus —unos a la fuerza y de pie y otros agradecidos porque consiguieron asientos— preguntarnos: ¿Hacia dónde vamos? El modelo de país que quiere construir Daniel Ortega, esa Nicaragua socialista, cristiana y solidaria que dice, ¿se parece más a Venezuela, a Cuba o a Corea del Norte? Sería bueno que algunos de esos que van cómodamente dormitando en sus sillones nos dijera cuál es la parada final de este viaje, porque por muy tranquilitos que se sientan ahora, en algún momento tendrán que bajar en ese país donde no se permite la salida libre de los ciudadanos, o donde el presidente dice a qué precio se debe vender cada producto o donde se necesite 1,666 años para poder comprar un carro con un salario promedio de 20 dólares al mes.
Antinatural
Son los sindicatos —que deberían estar reclamando por los trabajadores— y los empresarios —que deberían estar protegiendo sus negocios— quienes salen defendiendo la reforma a la seguridad social que hizo el gobierno. Algo está al revés por acá. ¡Qué envidia debe sentir el resto de gobiernos del mundo! Poner a defender las leyes más antipopulares a los representantes de sus principales víctimas es una jugada que ni a Maquiavelo se le ocurrió. ¿Qué necesidad tenían de comportarse como empleados? Un lujo. Antinatural si se quiere, pero un lujo que se puede dar, aquí y ahora, Daniel Ortega.
Fiesta
Como no hubo nadie que nos representara en la negociación, al final, seremos nosotros, entregando cada mes más dinero para recibir menos pensión en nuestra vejez, quienes pagaremos el derroche que han hecho todos los gobiernos con el dinero del INSS. Y que siga la fiesta.
Negocios en familia
Nicaragua tiene el triste honor de estar entre los países con la energía más cara del mundo y con la gasolina más cara de Centroamérica. No debió ser así. Si en este mundo hubiese justicia, deberíamos tener la gasolina más barata del istmo y una energía razonablemente económica, pues gozamos de un privilegiado suministro de combustible desde Venezuela. Sucede, si, que Daniel Ortega se apropió, no solo del dinero libre que deja ese trato preferencial (alrededor de 500 millones de dólares al año), sino también de todo el negocio de importación y distribución de combustible y energía, de tal forma que no solo nos arrebataron lo regalado, sino que nos imponen el precio que se les antoja. El asunto es que no hay razones externas que justifiquen los precios del combustible que estamos pagando. La única razón es la voracidad de la familia que controla a su gusto este negocio.
El perro flaco
¿De dónde saldrá el dinero que está dejando de llegar desde Venezuela? ¿A qué perro flaco se le pegarán esas pulgas? ¡A nosotros! Ortega no ha encontrado ni encontrará un padrino como lo fue Chávez en su momento. Así que ha decidido parasitar esta vez sobre nuestros huesos. Primero, inventándose deudas a su nombre que debemos pagarle mediante el presupuesto de la República y, segundo, aumentando obscenamente el precio de los combustibles para sangrarnos, tanto como se pueda, cada vez que pagamos un pasaje o llegamos a una estación a echar gasolina.
Sangría
Para entender lo que está sucediendo en Nicaragua justo ahora, hay que considerar la naturaleza del propio Ortega, y por ósmosis, la naturaleza de su grupo de poder. Ortega nunca ha trabajado en algo que no sea la política. Nunca ha producido algo y siempre ha dependido del presupuesto público o de padrinos para su manutención. En los ochenta fue el presupuesto, luego fue el coronel Kadafi, de Libia; después el coronel Chávez, de Venezuela; y ahora, nuevamente, el presupuesto. Sin embargo, ahora hay un agravante que promete derivar en crisis en el corto plazo: los gastos de Ortega (llámese eufemísticamente programas sociales) han aumentado exageradamente y el perro flaco ya no tiene mucha sangre que chuparle. Así que, o el perro se rebela a mordiscos o se muere por hipovolemia. Desangrado.
Twitter: @Fabian_Med
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