Andrés Hernández
Ahora que acaba de llegar el año 2014 con su acostumbrada lista de esperanzas y propósitos, quiero felicitar y desearles lo mejor a mis familiares, a mis amistades y a todo el mundo, a todos los que compartimos este cuerpo sideral que llamamos Tierra. Y que tal vez debería llamarse mejor agua, no solo porque la superficie oceánica supera a la continental, sino porque cada vez, debido al calentamiento global que hemos provocado con nuestra actividad consumista irracional, el nivel del mar sube más, inundando zonas costeras, haciendo retroceder el litoral, amenazando con catástrofes y grandes migraciones.
Que uno de nuestros propósitos como humanidad, como habitantes de esta nave espacial a la que no hemos sabido darle el mejor mantenimiento, a la que no hemos sabido cuidar como debiéramos, sea detener el cambio climático, reducir la contaminación de la atmósfera, de los mares, de los ríos, de los lagos, de las ciudades, de los cultivos.
La tecnología para lograr este propósito existe: por ejemplo, ya no necesitamos quemar combustibles fósiles como el petróleo para mover nuestro gigantesco parque automotor; solo basta con usar vehículos eléctricos en vez de nuestros automóviles y camiones sedientos de gasolina.
Que los gobiernos subsidien la adquisición y el uso de los autos eléctricos. Que estimulen la extensión y el uso del transporte público. Que no cedan ante las presiones de las petroleras ni escuchen a los ideólogos que caprichosamente tratan de minimizar el impacto del cambio del clima. Nuestro mundo es mucho más valioso que las abultadas carteras de unos cuantos señores opulentos a quienes les importa un bledo el trastorno climático, la invasión del mar, la polución de las urbes, el azote de las tempestades, porque ellos siempre tendrán a donde ir, a donde escapar, mientras muchos otros no.
Y también que haya paz, que el egoísmo ceda su lugar a la comprensión y la solidaridad, que paren las guerras, que la violencia sea sustituida por el diálogo y que el terrorismo, tanto el que practican grupos al margen de la ley como algunos gobiernos, desaparezca para dar paso a una fusión enorme, a un abrazo inmenso de toda la humanidad, porque somos una misma especie, tenemos un solo planeta como hogar, y solamente nuestra unión nos salvará de todas las amenazas del presente y del porvenir.
Sé que es mucho pedir, pero si estos propósitos se lograran, este 2014 cuya llegada hemos celebrado en estos días sí sería, verdaderamente, un año muy feliz.
El autor es coordinador de Perspectiva de El Nuevo Herald de Miami. ©FIRMAS PRESS.
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