CARTAS DE AMOR A NICARAGUA
Querida Nicaragua: En los medios de comunicación se vierten las más variadas opiniones. Con frecuencia se critica que la oposición no tiene ninguna estrategia y que por eso es que no hay unidad ni habrá triunfo, porque para tener éxito en la política se necesita un derrotero, una estrategia definida para marchar sobre un mismo camino y sobre unas mismas metas.
Cierto. La crítica es cierta. Pero si hubiesen estrategias deberían mantenerse en secreto, actuando cada partidario en el sitio que se le señale, actuando, no hablando. Las estrategias son demasiado importantes como para andar con el pito y el tambor publicándolas o comunicándolas abiertamente.
Es probable que la oposición no tenga estrategia. Es muy probable desde luego que unos grupos actúan por un lado y otros por otro, cada uno quiere sobresalir por encima del otro. En los grupos siempre hay personas que quieren ser candidatos y presidentes de la república, lo cual tampoco sería criticable si fuese el momento de escoger candidato, pero no teniendo el menor chance de participar y menos de ganar en una elección que actualmente está bajo la mano tenebrosa del Consejo Supremo Electoral orteguista, es absurdo estar buscando candidaturas.
Yo creo que los partidos nuestros, como todo partido, buscan la toma del poder. Pero estrategia no tienen. Y si la tuvieran dejaría de ser estrategia porque se empeñan en hacer conferencias de prensa para decir lo que van a hacer en el futuro. Y una estrategia es y debe ser absolutamente secreta, compartimentada entre los miembros de un partido organizado.
Es lamentable tener que decir esto, pero yo quiero que alguien me diga cuándo el Frente Sandinista ha publicado su estrategia. Y ese partido sí que la tiene. El orteguismo reúne a cien o doscientos dirigentes de primera clase, incondicionales, los hace participar en una encerrona completamente secreta, en un sitio al que nadie más que ellos tiene acceso. Ahí, discuten entre sí y fabrican su estrategia. Es lo que han hecho siempre, tanto cuando eran pequeños grupos clandestinos como ahora que son un partido organizado. Mantienen su estrategia en el más completo secreto, y algo más importante; jamás se ve a un orteguista discutiendo con otro orteguista ni en forma pública ni privada.
Y esto se puede ver en la práctica, en la propia historia de la lucha del frentismo cuando estaba en la clandestinidad. Por ejemplo. ¿Alguien sabía, o sospechaba siquiera, antes del 27 de diciembre de 1974, que había un comando organizado y preparado y entrenado por el Frente Sandinista para tomarse la casa del ministro José María Castillo Quant y tomar de rehenes a los participantes en un convivio que esa noche celebraban con gente importante incluido el embajador norteamericano? Nadie. Fue un ataque sorpresivo. Una planificación perfecta. Lograron todo lo que querían: un enorme comunicado a página entera durante tres días en los periódicos LA PRENSA y Novedades, este último propiedad del propio Somoza, una cadena de radio y televisión encabezada por la radiodifusora del Estado leyendo el mismo comunicado del Frente Sandinista, un millón de dólares, un avión para viajar a Cuba, la libertad de prisioneros políticos incluido el señor don Daniel. Eso se llama estrategia. Lo mismo puede decirse de la toma del Palacio Nacional en agosto de 1978, otra operación perfectamente planificada, producto de una estrategia definida.
Los camaradas se reúnen y definen su estrategia. Todo es secreto, compartimentado. No hay ruedas de prensa ni comentario alguno de ninguno de sus miembros, porque quien lo haga lo pagará caro. La disidencia se paga cara y hay pruebas de ello.
Cuando la oposición sea capaz de unirse, crear y ejecutar una estrategia de acciones, no de conferencias de prensa, entonces podremos comenzar una lucha eficaz. Es entonces cuando pueden cambiar las cosas. Es lamentable, pero debemos aprender de los camaradas. El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
Cuando la oposición sea capaz de unirse, crear y ejecutar una estrategia de acciones, no de conferencias de prensa, entonces podremos comenzar una lucha eficaz. Es entonces cuando pueden cambiar las cosas. Es lamentable, pero debemos aprender de los camaradas.
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