Amalia del Cid y Félix Rivera
En los próximos quince días los productores deberán completar la mano de obra necesaria para levantar la cosecha de café 2013-2014, que ya está madura. Si no lo logran, habrá una caída de grano que “todavía no es estimable”, aseguran cafetaleros del norte de Nicaragua.
En Matagalpa, Las Segovias y Jinotega, ha habido “afectaciones por la lluvia y el frío que limita el rendimiento de los obreros.
El clima ha llegado a 10 grados y hay problemas de enfermedades respiratorias que provocan que el cortador no pueda ir a los plantíos”, explica Juan Ramón Obregón, secretario ejecutivo del Consejo Nacional del Café (Concafé).
Esta escasez de obreros también se debe a los estragos causados por la roya, asegura Eduardo Rizo, presidente de la Asociación de Cafetaleros de Jinotega. “En algunas fincas la plaga golpeó tanto que la gente pasa prácticamente todo el día cortando café para colectar dos o tres latas, en lugar de ocho o nueve. No es rentable para los cortadores”, señala.
Según la normativa salarial del Ministerio del Trabajo vigente, el pago por cada lata de café es de 30 córdobas.
En cambio, apunta, en los lugares donde se pudo controlar un poco la roya se tiene al menos el setenta por ciento de los obreros necesarios. Al resto de cafetaleros les podría ir peor. “Si en estos próximos quince días la mano de obra no llega a esas fincas, que dicen que no tienen gente, simplemente el café se cae. La lluvia y el viento son los enemigos más grandes que tiene el café cuando ya está maduro”.
Para Leonel López, presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), hay incluso menos tiempo. “Al 15 de enero deberíamos tener ya el ciento por ciento de mano de obra en las fincas… Hay probabilidades de que se pierda más café. De eso estamos convencidos”, dice.
Jinotega necesita más de cuarenta mil cortadores para recoger la cosecha y a lo inmediato requieren veinte mil cortadores. Ya han ingresado unos ocho mil cortadores en los últimos días al departamento, dijo Francisco Rivera, técnico de la empresa cafetalera Santa Fe, finca que urge 300 cortadores, aparte de los más de 1,100 que ya tienen.
De acuerdo con el Programa Cooperativo Regional para el Desarrollo Tecnológico y Modernización de la Caficultura (Promecafe) se afectó el 37 por ciento de la cosecha.
La Organización Internacional del Café (OIC) calcula que en la cosecha pasada se perdieron unos 60 millones de dólares.
Eduardo Rizo, de la Asociación de Cafetaleros de Jinotega, estima que en mes y medio podrían tenerse datos puntuales de los estragos que la roya, el mal clima y la escasez de mano de obra causarán en la cosecha 2013-2014.
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En una visita realizada por LA PRENSA a la hacienda Santa Fe, bajo una pertinaz lluvia, encontramos a Engracia Matey. Cubierta de un capote amarillo encima de un grueso suéter, botas de hule hasta las rodillas y plástico negro hasta la cintura, se disponía a subir la resbaladiza pendiente con un pesado saco de café que recién terminó de cortar. Se resbala y sostiene como puede, tras un nuevo impulso llega al sector de la medida.
Ella llegó desde su caluroso Mulukukú y corta café para dar de comer a sus siete hijos. Las condiciones en las que trabaja, como cortadora de café en Jinotega, son las mismas en que trabajan en la mayoría de las haciendas cafetaleras, los cortadores que actualmente levantan la cosecha, estimada en más de un millón de quintales, pero que mermará por las condiciones climatológicas y la falta de cortadores.
Ingresamos en el tractor, los únicos vehículos que vencen el infernal camino interno, angosto y fangoso. El tractor, conducido por Róger Antonio Rivas Hernández, recogió el poco café cortado en tan inclemente clima.
Los cortadores Alfredo García y Fátima Ocón se quejan en el sitio de la medida de las condiciones de los campamentos de la hacienda, por la oscuridad, pese a que existe una planta hidroeléctrica, y de las plagas de ratones y pulgas. Ante las quejas don Francisco Rivera, técnico de dicha hacienda, ordenó al ingeniero Jorge Ávila revestir los caminos internos y dar solución a las plagas de roedores y pulgas.
PAGAN CON CAFÉ
Otra posible causa de la “desaparición” de los obreros es la migración. Muchos cortadores creyeron que después de la roya no había quedado ni un grano que recoger y se fueron a otro lado, considera Obregón. “Han migrado para Costa Rica, Honduras y El Salvador”, apunta López.
O simplemente, tal vez siguen de “vacaciones”. “La gente tarda en regresar porque se queda arrancando frijoles en su propia huerta y empieza a llegar hasta la segunda semana de enero”, manifiesta José Ángel Buitrago, presidente de la Asociación de Exportadores de Café de Nicaragua (Excan).
Al mal clima, la roya y la escasez de obreros, hay que sumar la caída de los precios internacionales del café. El quintal de café para entrega en marzo se cotiza en 116.35 dólares; mientras los costos de producción oscilan entre 115 y 125 dólares en fincas tecnificadas y pueden llegar hasta 160 dólares en las que no cuentan con las condiciones óptimas.
Ante esta situación, algunos productores han negociado con los cortadores para poder pagarles con una parte de la cosecha y no con dinero. “El precio está tan bajo que no les da para cubrir los costos”, asegura Buitrago.
CAFÉ CAYÉNDOSE
Debido a las adversas condiciones climáticas, el café se ha comenzado a caer en varias haciendas de Jinotega y por poner un ejemplo, Santa Fe ya ha perdido 400 quintales por este problema”, sostiene el ingeniero Jorge Ávila, administrador de la empresa cafetalera Santa Fe.
Los cortadores que vienen a Jinotega esperan en cuatro o cinco meses de labor ganar de cinco mil a 12 mil córdobas, “para abastecerme de comida, para unos tres o cuatro meses y reparar mi chocita”, según Luis Enrique Blandón, quien vino a cortar café a Jinotega, desde la ciudad de Matagalpa.
Según el presidente de Excan, “el café que cae es nido de broca y otras enfermedades si no se recoge del suelo. No se puede dejar perder. Y peor sería no sacar nada, porque los productores le tienen que pagar al banco y es mejor abonar algo que no abonar nada, porque hasta la finca pueden perder”.
Con todo, hay esperanzas. Obregón considera que podrían llegar más cortadores en estos días, porque “hay un afán enorme de los cafetaleros” por completar la mano de obra necesaria. Además, subraya, es aun más preocupante la “improductividad” de los obreros. Por efectos del frío, la lluvia y el viento, sufren de entumecimiento en los dedos, padecen enfermedades respiratorias y están empezando a trabajar a partir de las 7:00 de la mañana, cuando tradicionalmente han comenzado a las 5:00.
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