Gloria Picón Duarte
¡Austeridad!, prometió la primera dama Rosario Murillo el 1 de febrero del 2007, durante un encuentro con periodistas en donde explicaba cuál sería la lógica de la publicidad gubernamental del gobierno del presidente Daniel Ortega.
En cuanto a la saturación del mensaje, Fajardo explica que este cumple con los principios orquestación y renovación de la propaganda, que es enviar el mensaje la mayor cantidad de veces posibles, por la mayor cantidad de plataformas disponibles, tratando de mantener un ritmo de exposición que no permita que la competencia lo supere. “Se cumplen los dos principios, hay una saturación para mantener el nivel de saturación de la figura y de los proyectos”.
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Fajardo mencionó dichos principios: De simplificación y enemigo único; principio de método de contagio; principio de transposición; principio de exageración; principio de vulgarización; principio de orquestación; principio de renovación; principio de verosimilitud; principio de silenciación; principio de transfusión y principio de unanimidad.
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Sin embargo, los grandes rótulos con la imagen de Ortega, que cada año son reemplazados en las calles de todo el país, dicen lo contrario.
El publicista Danilo Fajardo indica que el costo de la impresión e instalación de cada uno de los grandes rótulos, que están colocados en las vías principales en todo el país, tienen un costo aproximado de cinco mil dólares. No obstante, no se puede cuantificar cuánto es lo que el Gobierno invierte en propaganda porque no hay cifras oficiales, lo cual también impide hacer una comparación con el gasto en ese rubro de gobiernos anteriores.
“No podemos seguir afectando la posibilidad de cumplirle a la gente, por gastos que muchas veces responden a vanidades personales. La publicidad mucho tiene que ver con la promoción de egos; la promoción de nosotros mismos, y no podemos promovernos nosotros, más bien tenemos que promover lo que se hace y lo que piensa el pueblo sobre lo que se hace”, dijo Murillo en el 2007.
En el Presupuesto General de la República se refleja que la Presidencia invierte 357,287 córdobas en publicidad y propaganda. La lógica indica que esa cifra es mucho mayor cuando se ven los grandes rótulos que año con año son reemplazados con nuevos lemas.
“No se sabría si hay ahorro o si el gasto es mayor, porque en tiempos de (Arnoldo) Alemán se usaron muchos recursos en televisión, en este caso el Gobierno más austero fue el de doña Violeta”, dice Fajardo, aunque indica que no hay un patrón para hacer comparación.
En cuanto a la alimentación de egos, Fajardo señala que la propaganda gubernamental no necesariamente alimenta “egos”, sino que plantea una idea específica en torno a una imagen, “planteando que Ortega es el intercesor, el intermediario que lidera un movimiento para conseguir el bien común (…). No es la adhesión a una imagen o súper signo, sino la construcción de un ideal, proponiendo a esta persona como un líder, el mismo caso de Hugo Chávez”, dice el publicista.
Fajardo explica que en la propaganda oficialista se propone a Ortega como un líder y retoman figuras religiosas, a las que el pueblo nicaragüense está adherido desde la tradición. “Se cubren bajo ese paraguas, pero no han dicho que (Ortega) es el salvador o mesías, sí se vende la figura de un líder”, indicó el especialista.
Edmundo Jarquín, excandidato a la vicepresidencia, manifiesta que en materia de cultos a la personalidad y los millonarios gastos en propaganda Nicaragua se parece cada vez más a Corea del Norte, porque pareciera que existe la política de sustituir las inversiones en lo que realmente necesita la gente, por inversiones en publicidad, “como si con anuncio o rótulos se resuelven los problemas”.
Jarquín recuerda los grandes rótulos del 2007 que tenían como lema “Hambre cero”, sin embargo actualmente tenemos los mismos niveles de pobreza de hace siete años y en cuanto a los rótulos que indicaban “desempleo cero”, hoy el número de trabajadores en el sector informal ha crecido y, por otra parte, el salario de un funcionario público promedio ha decaído un tercio al salario real de hace siete años.
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