Roy Moncada
Cuando las nubes descargan su agua con furia, las calles de Managua se convierten en ríos porque el desfasado sistema de drenaje colapsa y la ciudad no tiene la capacidad necesaria de infiltrar. Esta combinación provoca el escenario desfavorable de la capital durante los inviernos.
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Salvador Montenegro Guillén, director del Centro de Investigaciones para los Recursos Acuáticos (CIRA), reconoce que las inundaciones se deben a la posición geográfica de la capital, pero señala que con inversión oportuna la realidad puede cambiar.
El problema, según Montenegro, es que la comuna no atiende la parte media y alta de la ciudad a como se debe, solo busca cómo encauzar las aguas a los sistemas mayores de drenajes.
“El cauce tiene una función y es canalizar el volumen de agua que le llega, pero hay un límite. Hasta ahora lo que se ha tratado de hacer es aumentar la capacidad de conducción y canalización y enchapar, y no buscar cómo infiltrar”, comenta Montenegro, quien recomienda atender el problema de inundaciones en estos meses y no cuando está instalado el invierno.
En septiembre del año pasado, la capital se inundó porque no soportó una lluvia. El resultado fueron unas casas anegadas, otras destruidas y cauces dañados. De inmediato las autoridades capitalinas destinaron recursos para la asistencia.
Sin embargo, esta práctica, de actuar hasta que el daño está hecho, no es la recomendable. “Mientras menos se infiltre el agua y menos se retenga el agua, entonces las escorrentías son muchísimo mayor y esto es precisamente lo que estamos logrando con la parte alta de Managua”, lamenta Montenegro.
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