Noel Gallegos
Caminar sobre el perímetro en donde queda el vertedero municipal de Nindirí hace que los pies se hundan entre los desperdicios, mientras se lucha por espantar las moscas que revolotean en el ambiente, a la vez que se cubre la cara con la mano o un pedazo de trapo del polvo que levanta el viento o el humo por la quema de basura.
Esto es parte de la rutina con la que a diario tienen que lidiar las casi cien personas entre adultos y niños, que llegan a este basurero.
El problema de la contaminación del medioambiente en este punto no solo afecta a los “churequeros”, sino también a la vecindad aledaña. “Por las tardes se nos viene un viento con un mal olor insoportable, las moscas son horrorosas y están todo el tiempo. Cuando queman la basura también se siente igual. Nosotros ya le hemos expuesto esta situación a la Alcaldía, pero nada de resolver. Pedimos que cierren ese lugar”, dijo doña Elba Brenes.
LA PRENSA quiso conocer la versión de la Alcaldía de Nindirí, pero fue imposible.
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