“Madre de Dios. Este es el título principal y esencial de la Virgen María. Es una cualidad, un cometido, que la fe del pueblo cristiano siempre ha experimentado, en su tierna y genuina devoción por nuestra Madre celestial”, refirió.
Recordemos —explicó— aquel gran momento de la historia de la Iglesia antigua, el Concilio de Éfeso, en el que fue definida con autoridad la divina maternidad de la Virgen. El papa recordó que a la Virgen María confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón y las necesidades personales y del mundo, y pidió, como en El Angelus, que invocaran a la Virgen María tres veces todos juntos: “¡Santa Madre de Dios!”.
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Ciudad del Vaticano/EFE
El papa Francisco expresó ayer que estamos llamados a darnos cuenta de la violencia y de la injusticia presente en tantas partes del mundo, que no nos pueden “dejar indiferentes e inmóviles” porque “es necesario un compromiso de todos para construir una sociedad más justa y solidaria”.
El papa habló así antes del rezo del Ángelus a los participantes en la Marcha de la Paz, promovida por la comunidad católica de San Egidio, con motivo, ayer, de la 47 Jornada Mundial de la Paz, con el lema Fraternidad, fundamento y camino para la paz, basada en el mensaje papal publicado el 12 de diciembre. Un mensaje que, según dijo el pontífice, tiene como base la convicción de que todos somos hijos del único Padre del cielo, “formamos parte de la misma familia y compartimos un destino común”.
Ante miles de peregrinos y fieles, que abarrotaban la Plaza de San Pedro en un soleado primer día de 2014, el papa insistió en “la responsabilidad de obrar con el fin de que el mundo se convierta en una comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan unos a los otros”. Francisco relató que había recibido una carta de un señor que hablando sobre las guerras le preguntaba qué estaba sucediendo en el corazón del hombre, una pregunta que hacía suya y repitió dos veces: “Ya es hora de parar” (la guerra).
FUERZA DE LA DOCILIDAD
En este primer día del año —manifestó el papa— el Señor “nos ayuda a encaminarnos a todos con más decisión en el camino de la justicia y de la paz”. Para el papa, la paz requiere la fuerza de la docilidad, la fuerza no violenta de la verdad y del amor.
En la Madre del Redentor —sostuvo— confiamos “el grito de paz de la población oprimida por la guerra y por la violencia para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre la tentación de la venganza, de la prepotencia, de la corrupción”, asintió. A ella le pedimos que el evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, “pueda hablar a cada conciencia y abatir los muros que impide a los enemigos reconocerse como hermanos”, señaló el obispo de Roma.