Te lo dije, escuchar Blues for Brother G. Jackson, de Archie Shepp, era terriblemente peligroso. Hay música reservada, oculta, porque es capaz de invadir todos los sentidos, controlarlos y retorcerlos. Entonces, si todo el mundo tiene acceso a ella, la vida sería una anarquía. En la bolsa hay un puro, tómalo, te lo regalo. Para soportar a Shepp tienes que compartir la atención en otras cosas, de lo contrario, hay autodestrucción. No hay material para el sábado, hay que buscarlo con calma para asegurar la inspiración.
La musicalidad sirve para el sexo inesperado, para tomarse un café en soledad y para leer el periódico, sobre todo la sección de caricaturas, siempre bienvenida. De vez en cuando es bueno aplaudir, expresarse ante el concierto de la nada, para dar vida a lo inerte. La sublevación es válida. ¿Piensas que estoy loco? Es posible. Pero, ¿qué voy a hacer? No se puede hacer otra cosa en estas circunstancias.
Los ritmos están dispersos por todos lados, en tu rostro, en las manos de ella y en las extremidades de los desconocidos, en fin, todo es muy extraño, porque no hay lluvia que motive esto. El fin siempre es latente, hay un gigante con un reloj esperándote, ¿piensas que puedes acelerar el viaje? Ni lo pienses, todo está sincronizado para que suceda en el justo momento. Las distracciones pueden ser sorprendentemente ocasionales, pero en otros sitios son más comunes. La ducha me está esperando, y hoy quiero mojar mi ropa, quiero hacerlo diferente, para transitar por un camino que no conozco. Se pueden hacer intercambios, y en la oportunidad número mil uno se puede tener más posibilidades. Siempre me gusta jugar con el significado de los colores, y hoy el color de tus ojos me provoca demasiadas locuras. Tienes que mover un poco la cintura, para provocar significados en las paredes de color blanco y turquesa, te puedes divertir de muchas maneras, entre el silencio, hay muchos senderos que, a gritos, te llaman y te persiguen.
Tienen que suceder cosas inesperadas, que desvanezcan los esquemas. Me parece raro que los vecinos aún no se quejen por el volumen de la música. Pero es cuestión de minutos. Y mientras eso sucede, hay que pensar cosas profundas como la manera de lograr la conexión. No se me ocurre en este momento, pero lo desconocido siempre llama, solo hay que instar un poco las circunstancias, la palabra logra cosas maravillosas, y las palabras permiten el intercambio del alma. Sin embargo, el silencio logra mucho más. Pero el silencio es un poco adictivo, cada vez se va deseando más y más, hasta llegar a un plano de soledad fecunda: esa es la única contraindicación. El exceso de silencio a veces puede conducir a estados depresivos, y de mucha liberación, como la despedida de este mundo. Pero no hablemos más de eso, siempre resulta ser un tema que genera sorpresa porque no hay testimonio de los que han partido. Regresemos al inicio, los movimientos están desordenados pero sincronizados, es decir, dispersos pero en su justo lugar, suelen conectarse con las manos de los deseosos de un toque humano. El agua ya está caliente y quiero tararear Blues for Brother G. Jackson.
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