Pablo Antonio Cuadra. LA PRENSA/ARCHIVO

Identidades

Pablo Antonio Cuadra es quien con mayor acierto ha dibujado los rasgos que caracterizan nuestro modo de ser nicaragüenses y nuestra cultura mestiza. Justamente calificado por Ernesto Cardenal “como el más nicaragüense de nuestros poetas”, su primer libro, Poemas nicaragüenses, publicado en 1933, cuando el poeta apenas tenía 21 años, fue un hito en la historia de nuestra literatura.

Pablo Antonio Cuadra es quien con mayor acierto ha dibujado los rasgos que caracterizan nuestro modo de ser nicaragüenses y nuestra cultura mestiza. Justamente calificado por Ernesto Cardenal “como el más nicaragüense de nuestros poetas”, su primer libro, Poemas nicaragüenses, publicado en 1933, cuando el poeta apenas tenía 21 años, fue un hito en la historia de nuestra literatura.

Además de ser “el primer libro de poesía nueva o de vanguardia publicado en Centroamérica”, la obra es nuestra misma patria, vista por un muchacho que en plena intervención extranjera descubre maravillado el encanto de su tierra.

Poemas nicas

He afirmado en otras ocasiones, y ahora lo reitero, que en los años de la intervención norteamericana Nicaragua dio dos grandes testimonios de nacionalismo: Sandino en la montaña y Pablo Antonio Cuadra en sus Poemas nicaragüenses.

Adentrándose en lo nativo, Pablo Antonio superó el simple regionalismo y se afirmó por el lado universal de lo nuestro. Pablo Antonio sabía que su “pequeño país cristiano, compuesto de unas pocas primaveras y campanarios, de zenzontles, cortos ferrocarriles y niños marineros” puede, en la voz de sus poetas, alcanzar esa resonancia universal.

En Pablo Antonio Cuadra, tierra y canto se confunden. Y del barro de esta tierra brota su ansiedad por trascender lo temporal, encontrar las huellas de lo eterno y descifrar el enigma de la vida, el otro Norte de su poesía, que ya se anuncia en el poema de mayor aliento de su primer libro: Introducción a la tierra prometida .

Fe y poesía

La otra raíz poderosa en la poesía de Pablo Antonio es su nunca desmentida fe católica. A este respecto, Francisco Arellano Oviedo nos dice: “En la poética de Pablo Antonio Cuadra hay una estrecha relación entre fe, poesía y sociedad. No la poesía al servicio del catecismo ni la fe como adorno de la poesía, sino como una unidad sustantiva”… “Hay en Pablo Antonio Cuadra una voluntad de cristianizar la cultura y en su poética consigue su objetivo”.

[doap_box title=»“El hombre símbolo”» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Alejandro Serrano Caldera, al prologar los ensayos de PAC escribió: “Pablo Antonio es un pensador de esta contradictoria realidad, de la ambivalencia de nuestra identidad y del sistema de signos encontrados que prefiguran el alma y la sicología del ser nicaragüense”…

“Pablo Antonio es un pensador fundamental en la historia de nuestro país… Es, él solo, sin lugar a duda, toda una época, una especie de hombre símbolo y un referente inexcusable en la historia de la cultura nacional”.

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Otro libro muy nicaragüense de Pablo Antonio Cuadra es El jaguar y la Luna , que su autor consideraba como: “El libro de poemas más original, aboriginal y mío. Está arrancado directamente, no de lo literario, sino de las formas pictóricas de nuestros dibujos en cerámicas precolombinas”. Poemas concisos, a propósito como para que puedan escribirse en cerámica, extraídos del legado indio para “devolver a la poesía su mágico destino de creadora de mitos”. “A mi ver, afirmó José Coronel Urtecho, el más estrecho contacto poético de lo contemporáneo con lo precolombino lo ha establecido Pablo Antonio Cuadra en su realmente mágico y talismático pequeño libro de poemas El jaguar y la Luna .

Quizás, uno de los aportes más trascendentes de Pablo Antonio Cuadra es su libro Cantos de Cifar , musicalizado por Carlos Mejía Godoy. Cifar, el Navegante, encarna en un humilde marginado, de esos que pueblan nuestro Gran Lago y realizan la hazaña cotidiana de vivir del riesgo y la intrepidez. Cifar Guevara es un héroe de carne y hueso, nacido en una isla “pequeña como la mano de un dios indígena”.

El Maestro de Tarca, que es como una prefiguración del propio Pablo Antonio, sabio y conceptuoso, sentado en la piedra del Águila, le enseña, a través de la vida, los secretos del mar:

“Es conveniente

es recto

que el marino

tenga cogidas

las cosas por su nombre.

Lleva así mucha razón Nydia Palacios cuando al analizar la creación poética de PAC nos dice: “Hablar sobre Pablo Antonio Cuadra, la voz lírica más alta de la poesía nicaragüense en los últimos sesenta años de este siglo es entablar un diálogo con el portavoz de la nicaraguanidad… Cuadra ha hecho de la nacionalidad el pivote central que alienta toda su producción literaria”.

El jaguar y la Luna

Y nuestro mayor científico, el doctor Jaime Incer Barquero, a su vez: “Pablo Antonio Cuadra vivió la vida de Nicaragua y fue la viva voz de su gente: “Con el oído atento al fragor de las olas y los vientos” —nos decía— “en el rumor del lago me parece oír la voz de un pueblo”. “No hay nada más grande en Nicaragua que su Gran Lago”, me decía. Tengamos esta apreciación de PAC muy presente, ahora que se intenta partir en dos nuestro Gran Lago, que tanto amó y cantó Pablo Antonio.

“Leyendo a PAC, asegura Carlos Mántica, tiemblo ante el terrible oficio del poeta. Ante un estar continuamente a merced del viento que nos trae mensajes antiguos, la voz de civilizaciones ya perdidas, el llanto milenario del dolor de todo un pueblo. Recuerdos y nostalgias de pasadas alegrías; de sueños”. “¿Ha habido un poeta más consciente en su obra de la biodiversidad y la riqueza ecológica de un lugar donde le ha tocado vivir a Pablo Antonio Cuadra?, se pregunta su crítico Steven White, y responde: “Gran conocedor del paisaje visible con sus volcanes, montañas, selvas, sabanas, lagos, islas, ríos y costas, Cuadra también ha sabido revelar los secretos de otro paisaje, invisible pero historiado y animado por la memoria colectiva de un pueblo en la forma de folclor y cantos populares y también mitos de origen indígena”.

En 1967, Pablo Antonio Cuadra publicó El nicaragüense , verdadero “best-seller” de nuestra literatura. La obra es una colección de “Escritos a Máquina” a través de los cuales PAC dibuja los rasgos más acusados de nuestro pueblo: su naturaleza exódica, vagabunda e itinerante, de la que los pies fugitivos de Acahualinca representan el primer testimonio (“abandonaremos nuestra patria y nuestra parentela porque ha dominado nuestra tierra un dios estéril”); la dualidad original “que obliga a la incesante empresa de unir, fusionar y dialogar”.

Su imaginación y fantasía desbordantes, “que con mucha frecuencia llega a la extravagancia barroca o a la fanfarronería”; su sobriedad en el vivir, que se refleja en la casa que habita; la simplicidad de la carreta que usa, tan distinta de la carreta costarricense, o del traje que le cubre (¿será que su espíritu nómada le mueve a construir una morada provisional y a privar de adornos su “casa peregrina y caminera” que es la carreta?); su gozo en la agudeza, la crítica punzante y la burla, que generalmente revierten contra sí mismo y su tierra.

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