Leida Gutiérrez
Psicóloga Clínica
Este mes está cargado de muchas emociones que las expresamos con regalos, visitas, encuentros, intercambios, fiestas y las emociones fluyen hasta desbordarse y si a esto le agregamos el licor, que en muchos hogares es infaltable: lo que inició con alegría, deseos de pasarla bien, saborear los deliciosos platos que se elaboraron para ese momento festivo, al final los tragos hicieron los estragos consabidos.
Sabemos que el licor es transformador de la conducta que desinhibe, descontrola, altera el pensamiento, lo que se evoca, sin poder hacer un alto.
También estos momentos deben servir para reflexionar y preguntarnos qué de bueno nos deja el licor, si la intención es divertirse pues el licor se encarga de que no estés consciente de lo que hacés o decís, sin reparar que está la familia, hijos que observan el ejemplo desagradable de ver personas adultas pero inmaduras que se convirtieron en otro ser que no es el original.
Los sinsabores pueden llegar hasta extremos que pueden derivar en discusiones, o accidentes tanto en casa como si se tiene que trasladar de un lugar a otro y debe de conducir.
Experimentemos a estar en sobriedad, a disfrutar, estar conscientes de todo lo que a nuestro alrededor está sucediendo, y ya no se diga los cristianos que celebramos el nacimiento del Hijo de Dios, Jesús, ese es el verdadero motivo de estas fiestas.
Les deseo muchas felicidades, que vivamos responsables y agradecidos y disfrutar de lo que Dios nos ha regalado.
Les espero en mi correo [email protected]
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