Huellas de otoño

Cantemos Pon porón pon pon, un gran tambor cantó, su ronco eco sonoro fue el que quedó después...

Cantemos

Pon porón pon pon,

un gran tambor cantó,

su ronco eco sonoro fue el que quedó después…

El resplandor atravesó con precisión

la hendidura de la ventana,

el sol salió tempranito hoy

y amanecí otra vez con él;

en la íntima privacidad del baño,

el agua corrió en mí con su persistente goteo,

cubrió la piel de húmedos brillos efímeros;

hubo frutas, estaban frescas, dulces al paladar,

sobre la taza blanca del café,

flotaba el humito caliente,

con su aroma de sabor particular.

Tin tirín tin tin,

otro pequeño tambor no quiso quedarse atrás.

¡Qué contento estoy!

Un pájaro vuela sobre los tupidos retoños amarillos

del zardinillo del frente,

se posa seguro sobre una rama torcida,

agita con ritmo sus alas,

alza la cabeza luciendo una pluma real sobre la cresta,

expande su pecho y canta;

unas gardenias augustas, desde el verde follaje

dejan escapar su olor,

jugueteando viene y se va,

salpica mi nariz y entra por mi aliento

se regocija mi cuerpo sereno

e inflama la esencia expandida de mi alma.

El cielo, con escasas burbujas pasa,

parece al alcance de la mano,

muestra en el fondo inmenso,

el azul celeste, profundo,

de un cristal límpido e intenso;

el aire da vueltas sin ruidos,

transporta los ambientes silvestres,

quisiera volar en él,

siento su flujo incoloro,

sedoso, cuando respiro,

el sudor que humecta mi cuerpo,

los ruidos que me circundan,

los silencios que llevo conmigo.

Una idea me invade insistente,

sobre la página electrónica, escribo,

la sensación se aloja impaciente,

así como queda, archivo lo que va saliendo,

leo textos diversos, me encuentro entre los libros,

imagino, pienso, percibo, mientras leo,

sigo siendo…

La lará lalá, la lará lalá,

para no quedarme atrás,

ante tanto canto que siento,

ahora canto yo.

Veo la sonrisa de un niño,

mi hijo me abraza feliz,

el amor me suena al oído,

yo le respondo dentro de mí;

la belleza de lo cotidiano asombra,

lo importante vuelve ahora,

después de lo extraordinario,

cuando las solemnidades con sus inútiles pompas,

y esas bullas del pin pirin pin pin se esfuman,

cuando ha cesado el estorbo,

no cabe la menor duda,

lo grandioso viene después…

La luz del sol llegó al ocaso,

paulatinamente se fue extinguiendo,

en las sombras de la noche, reposo,

los brillos esparcidos revelan un nuevo rostro,

el tiempo se esfumó en el día,

yo todavía permanezco en él,

¡Qué contento estoy!

Cantemos entonces juntos,

con mi voz y la tuya, con cualquier tambor o clarín,

con la tranquila ejecución de las cuerdas

que vibran desde el violín,

un coro con quienes han estado conmigo

de los que sé y los que ignoro,

en este nuestro día de hoy,

que quizás mañana, eso esperamos,

sin prisa, para todos igual,

otra vez vuelva a llegar.

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