Ricardo Mayorga perdió otra vez. Con la bandera sobre su espalda y con un short de ribetes azul y blanco, el reciente sábado ingresó en el octágono, el lugar del que nunca ha salido victorioso, no sin antes recibir la bendición predilecta de su madre.
Como consecuencia del destino parecía defensor de Nicaragua sobre los conflictos políticos con Costa Rica, la gente coreaba su nombre como si fuera un embajador de la guerra: “Mayorga matá al tico”, “Enseñale Mayorga que el Río San Juan es nica”.
Desde que inició el combate Mayorga empezó a tirar golpes al rostro y a los bajos de Sergio Ortiz, luego de un minuto “El Matador” estaba cansado, ya no podía más, su boca estaba abierta como consecuencia de su escaso entrenamiento.
“Ustedes conocen a Mayorga un día sí entrena, un día no”, declaró su abogado Carlos Mario Peña, tratando de justificar un comportamiento personal y deportivo descontrolado, donde el suburbio de la noche reina su entorno.
La hazaña de Mayorga consistiría en vencer al oponente siendo más débil en recursos y técnicas de Artes Marciales Mixtas (AMM).
Las palabras de Mayorga ya no hieren a sus rivales, su léxico abrupto no tiene ningún efecto en sus oponentes, como ocurrió en el boxeo cuando se enfrentó a Vernon Forrest, Michele Piccirillo, Félix Trinidad, Óscar de la Hoya, entre otros.
“Mayorga puede decir lo que quiera, es pura promoción”, dijo Ortiz cuando se enfrentó al nica en Costa Rica.
Ahora Mayorga ya no hará ninguna pelea más en AMM, su mamá no le pidió que le suplicara la revancha otra vez al costarricense, se dio cuenta que no es lo suyo, pero que lo necesitaba por los 10 mil dólares que ganaba por pelea, como dijo después de esa pelea.
Después de la derrota en el segundo round por sumisión verbal, debido a una barra de brazo, Mayorga no lloró, y es porque según su abogado Peña, está por firmar un contrato con el búlgaro Ivaylo Gotzev, de la compañía Epic Sport, en Los Ángeles.
Aunque a Ricardo Mayorga quiere alargar su estancia en el boxeo hasta los 45 años, pertenece a la clase de boxeadores que tienen vidas breves y memorias largas producto de lo cruel que es el deporte, que se desquita por las malas andanzas de sus pupilos.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 B